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Un
Laboratorio de Cine en Colombia
Será Demasiado Tarde?
Por
Julio Luzardo
A mediados del mes de Noviembre del 2006 se
publicó una noticia lacónica en la prensa y a
través de internet que no tuvo mucha resonancia
en los medios nacionales y que poca gente
comentó en su momento dado, pero que es de gran
importancia para el medio cinematográfico del
país. La nota comentaba escuetamente sobre la
compra de un terreno grande en Bogotá que
estaría destinado para ser la sede de un
importante centro de postproducción de cine,
sucursal de un importante laboratorio argentino,
que contaba con "el respaldo de empresas en
Chile, Argentina, Brasil y México, entre las que
se encuentran Cinecolor Argentina, Megacolor
Brasil, Chile Films y Andes Films." Y además,
"El laboratorio ofrecerá servicios integrales en
postproducción y laboratorio de cine. Tendrá una
sala de revelado, dos telecines, uno de ellos
Spirit, dos salas de edición, digital recording,
un estudio de trascripción de sonido, entre
otros servicios."
Sinceramente, este es como un sueño hecho
realidad para muchos de los que llevamos
demasiados años trabajando con las uñas y que
siempre hemos creído que el cine es de las
profesiones más bellas creadas por el hombre.
Pero ante la realidad de la tecnología, del poco
interés o conocimiento del público de los
problemas técnicos detrás de la hechura de una
película, de la masificación de los medios
audiovisuales digitales, que se encuentran a la
mano de cualquiera, si un laboratorio de cine en
Colombia en este momento es como tratar de
revivir un dinosaurio, que puede resultar un
"elefante blanco"? No quiero pecar de ser
demasiado pesimista, pero creo que debemos
estudiar algunos hechos históricos como para
evaluar el impacto de un hecho que nos llega
demasiado tarde, como desgraciadamente siempre
nos ha sucedido en Colombia.
Como dato curioso, la primer película
Colombiana, "María", realizada en 1922, por los
españoles Alffredo del Diestro y Máximo Calvo,
fue revelada y copiada en el oratorio de la
finca El Paraíso y lavada en las aguas
cristalinas del Río Amaime, que corrían justo al
lado del sitio de filmación. Era la costumbre de
la época usar la misma cámara de filmación, que
normalmente era hecha de madera, como copiadora
también. Todo el cine que se hizo en el país
hasta los inicios de los años cincuenta se hacía
en tanques hechizos y secado en barriles de
madera donde se enrollaba precariamente la
película. La hija de Máximo Calvo, Esperanza,
cuenta en una entrevista cómo secaban la
película "Flores del Valle", donde ella era la
protagonista, en bastidores que tenían en la
cocina junto con los empleados de la finca
familiar, a inicio de los años cuarenta. El
sonido de cine llegó a Colombia 12 años después
del resto del mundo y el sonido directo
magnético se empezó a utilizar un poco después
del año 1970, casi 20 años después del invento
de la grabadora Nagra, así que no nos deben
sorprender hoy en día los retrasos tecnológicos
del cine colombiano.
Después los noticieros de Panamerican Films,
Inravisión y Cinematográfica Colombiana llegaron
con sus reveladoras metálicas, hechas
específicamente para cine, y abrieron el paso
para la producción cinematográfica en blanco y
negro en el país hasta el cambio a color de la
televisión durante el Mundial de Fútbol en el
año 1980. El color llegó a mediados de los años
70 con Bolivariana Films, seguido o suplantada
en 1981 por los Laboratorios Bacatá, empresa
dedicada al copiado y revelado de películas. En
ella se procesaron la mayoría de las
producciones de largometrajes colombianos
producidos por Focine, la serie Yuruparí y
muchos cortometrajes de sobreprecio.
Por esa época, el español Joaquín Rodríguez,
funcionario de este laboratorio afirmó "Una de
las razones que nos motivó a montar este
laboratorio en Colombia, fue la incertidumbre y
los riesgos que le conllevan al realizador
cinematográfico aquello de tener que procesar en
el extranjero. Al comenzar sus labores
Laboratorios Bacatá, no solo aspira a llenar un
gran vacío dentro de la industria
cinematográfica, ofreciendo los servicios del
laboratorio; sino que pretendemos además,
ofrecer los conocimientos adquiridos en nuestra
prolongada vida profesional a los técnicos que
deseen consultarnos".
Sin embargo la falta de una producción sostenida
motivó entre los dueños la venta del laboratorio
y a finales de los años ochenta Cine Colombia lo
compró y allí comenzó a funcionar su propio
laboratorio, más que todo para hacer copias de
películas que compraban en el extranjero y
distribuían en varios países de latinoamérica.
Ante el avance del videotape, la tecnología
digital y la edición no-líneal, sin mencionar
que todo el trabajo en cine se estaba haciendo
en el exterior debido al gancho de la
posproducción, el laboratorio dejó de ser un
negocio interesante, fuera de servir como
laboratorio práctico para estudiantes de las
carreras de cine y un poco antes del fin del
siglo pasado las instalaciones fueron donadas a
la Universidad Nacional.
El panorama al que nos vemos enfrentados en el
momento es el de una cinematografía en pleno "boom"
de desarrollo, con mayor y mejor producción
anual, en un ámbito donde están empezando a
proliferar las producciones totalmente
realizadas en digital debido a los supuestos
costos menores que, a la larga, son un mito ya
que tomando en cuenta ejemplos donde sólo cambia
el
material y proceso utilizado, la diferencia
entre filmar en cine y en digital puede ser no
más de un 3% a 5%, a favor de filmar
digitalmente, pero tiene el peligro de costar
mucho más ya que son más procesos costosos en
postproducción los que se tienen que recorrer y
cualquier error pequeño puede voltear la
balanza. Por algo los productores colombianos
que más han estado produciendo últimamente con
una regularidad impresionante, Dago García y CMO
Producciones, siempre producen en 35mm. La razón
es muy simple: mayor calidad asegurada y un
tiempo record en la etapa crucial de
postproducción. La gente joven, sin experiencia
en los rigores del cine, sin la sabiduría de los
años, prefieren rodar en digital y tener la
opción de filmar dos o tres o hasta cuatro veces
más material que lo que podían hacer en cine,
donde cada pie rodado es como oro y requiere la
confianza, que solamente el tiempo y la
experiencia pueden brindar.
Preocupa mucho en cualquier negocio como este
romper las tradiciones que vienen manejando las
cosas desde hace muchos años. La tremenda
dependencia en la utilización de los
laboratorios de Miami, Nueva York, Los Angeles,
Caracas, Buenos Aires, Santiago y, en el caso de
los comerciales, el famoso y altamente corrosivo
"turismo creativo" del personal de las agencias
que aprovechan para estar viajando
constantemente a estas ciudades, de turismo, de
"shopping", a costillas de los incautos clientes
dizque para "supervisar" el trabajo entre manos.
Al tener un laboratorio local a la altura de
cualquiera de estos otros sitios, no le va a
gustar a mucha gente y es seguro que van a ser
los mayores críticos de la costosa aventura. Sin
embargo, Colombia está lista y preparada para
dar este salto fundamental, así le haya llegado
tarde, trasnochado y casi sin gasolina. Al país
le va a hacer mucho bien, va a cambiar la
perspectiva de cómo se realiza cine en el país
y, en mi opinión, va a volver a crear otro "boom"
en el medio cinematográfico que pocos pueden ver
en su total magnitud en este momento.
En Colombia desde hace muchos años se han hecho
evaluaciones sobre la rentabilidad de un
laboratorio de cine y los resultados no han sido
muy favorables, pero si el laboratorio se
respalda con una solida y bien pensada inversión
en postproducción, incluyendo el traspaso
fundamental de digital a cine 35mm, las
posibilidades pueden ser insospechadas. La
seriedad de la empresa que está haciendo la
inversión está comprobada por su experiencia en
Argentina, Chile, Brasil y México. Colombia, por
su privilegiada posición geográfica en el puro
centro entre los dos continentes, respaldada por
una producción cinematográfica en pleno "boom",
sin igual en cualquier otro país
latinoamericano. Y como todas las cosas en la
vida, lo importante es llegar, de pronto todavía
no es demasiado tarde... |
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