La
idea general detrás de la Ley de Cine era la de
proveer los mecanismos necesarios para
establecer bases sólidas para un negocio que
lleva casi 100 años en el país y que hasta el
día de hoy no ha logrado establecerse como
"industria" y ha sido la responsable de
innumerable quiebras individuales y de empresas
que han creído en el sueño imposible de una
cinematografía nacional. Sencillamente no se
puede seguir con esta filosofía de creer que el
cine nacional está bien simplemente porque se
está produciendo más que nunca. ¿Y qué ha pasado
con las ganancias que debe generar cualquier
negocio, el retorno que le debe generar a un
inversionista que ha creído en los beneficios de
la Ley más allá de ser un simple ahorro en
impuestos y todas las otras incógnitas que han
aparecido y que demuestran que seguimos igual o
peor que antes de la Ley?
Uno
de los problemas que tiene la Ley es que fuera
de aportar una serie de premios y beneficios, no
ha hecho nada por señalar el camino hacia el
logro de una rentabilidad más factible dentro
del dudoso negocio del cine. A la larga,
seguimos como siempre, sólo que ahora hay unos
premios para aligerar la carga un poco o para
servir de incentivo. Pero si hay una regla
general de la vida es el conformismo,
especialmente cuando algo se considera un
regalo, un premio o un golpe de suerte. A la
larga, nadie se preocupa demasiado porque
consideran que son eventualidades de la vida,
accidentes fortuitos que algunos saben
aprovechar muy bien y que otros sueñan con
lograr algún día. En el fondo se repite el viejo
dicho: "lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta".
Eso es lo que se ha creído con el manejo de la
nueva Ley, que todos han considerado como "plata
llovida del cielo". Se logró blindar con la
ayuda de la DIAN un sistema impositivo para
exprimir a los exhibidores, distribuidores y
algunos productores nacionales y generar un
dinero para producir y producir cine sin ningún
sentido verdaderamente utilitario, estructural,
o duradero. Se intentó generar "industria a lo
bestia", sin planeación a corto, mediano o largo
plazo.
A
ninguno se le ocurrió pensar que esos regalos,
premios o golpes de suerte pudieran a la larga
resultar altamente nocivos, llenos de trampas,
finalmente malogrando el espíritu inicial para
lo que fueron creados con tantas grandes
ilusiones. Aquí nos vemos fielmente reflejados
los colombianos en nuestras eternas
improvisaciones. Todo es inmediatez y nada es
duradero. En términos realistas se está
despilfarrando una considerable cantidad de
dinero para generarle una suma mayor de pérdidas
a un sinnúmero de productores que no han tenido
las herramientas o el conocimiento necesario
para evaluar bien el negocio en el que están
metidos. Mucho "tilín-tilín y poco de paletas",
como dirían popularmente...
COMO
VAMOS, VAMOS MAL
Desde que se implementó la Ley 814, hace casi
seis años, se han exhibido cincuenta (50)
largometrajes colombianos en las salas de cine
del país. El 90% de estos largometrajes han
recibido auxilios directos del Fondo de
Cinematografía y de Ibermedia, las películas las
han visto casi 11 millones de espectadores en
Colombia y le han dejado un poco más de $34 mil
millones de pesos a sus productores en premios y
resultados de taquilla en Colombia después de
descontar televisión, publicidad, exhibición,
distribución e impuestos. Sin embargo, estas
mismas películas costaron más o menos $65 mil
millones producirlas y en el conteo final las
cifras son francamente aterradoras: del costo de
inversión, sólo se recuperó un 52.76%, las
pérdidas fueron alrededor del 47.24% y 42
películas ni siquiera lograron recuperar su
costo de inversión. Definitivamente, no se
necesita ser un genio o experto en finanzas para
darse cuenta que hay algo que no está
funcionando bien y peor aún, parecería que no
hay nadie que se esté preocupando.
¿QUE
PASA?
A
la larga, no pasa nada y eso es lo grave del
asunto. El cine colombiano siempre ha tenido
estos mismos resultados negativos a través de su
historia desde 1922 cuando se estrenó La
María. Nuestro cine ha sido una serie de
intentos individuales, artesanales, de hacer
cine contra viento y marea. Nunca ha existido un
camino fácil o una guía para ayudar a prevenir
las innumerables quiebras que han marcado la
historia de esta siempre incipiente industria. Y
hoy en día, a pesar de tener una flamante Ley de
Cine que se suponía iba a romper la historia en
dos, seguimos igual o peor que antes. Ahora con
el oropel de los premios y la facilidad de ir a
toda clase de festivales de cine, los
productores novatos ni siquiera toman en cuenta
el peligro económico de hacer cine porque están
convencidos que existe una especie de "boom"
cinematográfico nacional que milagrosamente les
va a permitir hacer cine y a la vez los va a
volver multimillonarios de la noche a la
mañana...
LOS
AFORTUNADOS
A
pesar de las malas noticias generales, es
reconfortante saber que ocho películas de las 50
exhibidas tuvieron la buena suerte de pagar su
costo en Colombia y además obtuvieron una
pequeña ganancia. Al ver la lista, se destaca
claramente la experiencia, veteranía o el simple
profesionalismo de los productores involucrados.
Las ocho películas son:
Soñar no Cuesta Nada de CMO
Producciones
Muertos de Susto de Dago García
Producciones
Bluff de Laberinto Producciones
Mi Abuelo, Mi Papá y Yo de Dago
García Producciones
Esto Huele Mal de CMO Producciones
Cartas del Gordo de Dago García
Producciones
Al Final del Espectro
Sumas y Restas de Víctor Gaviria
Cinco de estas películas contaron con el respaldo
de premios de producción y posproducción del FDC
(todas de la Convocatoria del año 2005) y tres
(las más rentables), fueron hechas a puro pulso
por Dago García y su equipo, respaldados por el
Canal Caracol. Cabe destacar que ninguna de
estas películas tuvo los costos descarrilados de
otras películas colombianas de la misma época.
EL
BALANCE ACTUAL
Para ver la dimensión del problema hay que tomar
en cuenta el nivel de la producción
cinematográfica en el país:
Películas terminadas y listas para exhibir: 27
largometrajes
Películas en diferentes etapas de producción:
35 largometrajes
Películas en desarrollo: 95 largometrajes
Películas estancadas o sin posibilidades de
exhibición: 39 largometrajes
Películas varadas con pocas posibilidades de
terminación: 19 largometrajes
Sin
contar con las películas en desarrollo (95), las
estancadas o varadas (58), hay más o menos 62
largometrajes que tienen que estar listos en los
próximos dos o tres años máximo, que es una
cifra grande para un país acostumbrado a ocho
películas o trece como las del 2008. En otras
palabras, no hay campo para tanta producción
nacional en las salas de cine colombiano.
¿Y DE LA
EXHIBICION QUE?
Lo
único que ha quedado claro en los más de 100
años de cine en el país es que la única parte
del sector cinematográfico que ha podido
sobrevivir todos estos años ha sido el de la
exhibición. Desde los primeros intentos de los
hermanos Di Doménico y posteriormente Cine
Colombia y otras empresas, el único "negocio" de
cine que ha prosperado en el país y sigue
funcionando ha sido el de la exhibición
cinematográfica. Y ni hablemos de la
distribución porque esa parte siempre ha estado,
como en el resto del mundo, bajo el monopolio
absoluto de Hollywood.
Sin
embargo, este brazo tan importante de la
industria ha sido casi olvidado por la Ley y los
representantes del gremio
exhibición-distribución aparentemente no le
buscan solución a un problema que no es
solamente colombiano sino latinoamericano.
Pensar en que nuestro cine se pueda ver fuera de
nuestras fronteras, así sea solamente en
Latinoamérica, es una utopía ya que su
exhibición no depende de calidad, interés o
creatividad, sino de una crítica ausencia de
salas especializadas para cine de habla hispana
en toda la región. Hollywood domina más del 80%
del cine que se puede ver y la única forma de
contrarrestar ese fenómeno no es con mejor y
mayor producción, sino con salas especializadas
donde el cine de Hollywood estaría vetado de por
vida.
Hay
un ejemplo real de cómo se puede ir pensando
para que en un futuro existan salas dedicadas
exclusivamente a la exhibición de cine
colombiano y latinoamericano. Durante más de
tres decádas el cine mexicano bajo el liderazgo
de su empresa Películas Mexicana -
Pelmex dominó buena parte de la taquilla de
los países andinos, de Chile y Argentina, con un
esquema sencillo de pocos teatros, muy bien
localizados, creando un público grande y fiel, y
de tal modo lograron influir con sus
producciones sobre la vida y costumbres de los
países donde se encontraban. Por varias razones
esta empresa se acabó a mediados de los años '80
y el cine mexicano nunca volvió a recobrar su
grandeza de antaño.
¿QUE SE
PUEDE HACER?
En
primer lugar, el Consejo de Cinematografía
debería encargar un análisis objetivo y
detallado de la situación económica actual del
cine colombiano. En este momento, a través del
sistema computarizado CIREC, el Consejo y
Proimágenes, como nunca antes en la historia del
cine colombiano, tienen acceso a toda la
información detallada de entrada de público a
todas las salas cinematográficas del país y no
han sido capaces sino de sacar algunos datos de
taquillas de las primeras semanas de algunas de
las últimas películas colombianas en su Boletín
semanal Pantalla Colombia. Estos pocos datos
sueltos y sin continuidad o evaluación, a la
larga no sirven de mucho porque no son sino
cifras aisladas sin ningún análisis de fondo.
Por el otro lado, tienen en sus archivos todos
los presupuestos de los proyectos presentados y
ganadores de las convocatorias, pero no se han
tomado el trabajo de comparar si esas cifras se
cumplieron o no y si los resultados económicos
fueron los esperados por sus productores. Aquí
en nuestras páginas de En Rodaje hemos
tratado de hacer un balance lo más cercano a la
realidad, pero al no tener acceso a todos los
datos, teniendo que conformarnos con las pocas
referencias que publican de vez en cuando
Proimágenes o la Dirección de Cinematografía,
pecamos por falta de información, que
consideramos básica para el manejo económico del
cine nacional, que deja un tremendo vacío en un
área fundamental.
El
Consejo de Cinematografía debería empezar a
revaluar la insistencia de la Ley en la
producción a costillas de ignorar la exhibición,
pieza fundamental en la industria
cinematográfica. Este no es solamente un
problema colombiano, sino también de Ibermedia,
que tampoco le ha prestado la atención debida a
la exhibición/distribución del cine
latinoamericano. Es como si todos pensaran que
la única forma de apoyar el cine fuera desde el
lado de la producción, que es un tremendo error
de concepto comercial.
LOS
ERRORES DE LAS CONVOCATORIAS
Desde hace dos años la taquilla del cine
colombiano ha ido cayendo verticalmente, como lo
hemos señalado en nuestros recientes artículos.
Pueden existir muchas razones para justificar
este fenómeno, pero definitivamente no es el de
una caída de la taquilla en sí o de la
piratería. La taquilla general se ha mantenido
más o menos igual como en los últimos años, sólo
la de cine colombiano ha caído. En el primer
semestre de este año, las 5 películas más
taquilleras en Colombia, todas de Hollywood,
tuvieron asistencia desde 594.803 a 1.199.385
espectadores, cifras que el cine colombiano no
volvió a saborear desde hace rato. ¿Qué está
pasando? ¿Vamos para atrás como el cangrejo?
Aquí en En Rodaje consideramos que ya es
hora de hacer un revolcón total en la forma cómo
se han venido escogiendo los proyectos, de la
selección de jurados, de los números de
proyectos, de ciertos requisitos que no tienen
sentido, de reglas que se ajustan a ciertos
criterios y a otras que se cierran sin sentido.
Trataremos de abordar algunas sugerencias en
este artículo, pero estamos seguros que existen
muchas más y esperamos que los que tengan
algunas ideas renovadoras, nos ayuden con sus
comentarios al final de este artículo.
LOS
REQUISITOS ABSURDOS
Todos los que hemos presentado un proyecto a una
convocatoria sabemos que es un proceso largo,
tortuoso y muchas veces, costoso. Nadie se
presenta a una convocatoria con un proyecto
elaborado a las carreras, con las copias del que
presentaron el año anterior y sin atenerse al
pie de la letra de los requisitos. Este proceso
en términos generales, es un trabajo serio y
profesional, hecho con dedicación y mucho
cariño. De él dependen los sueños de muchos
realizadores y sus grupos de trabajo que algún
día pondrán en alto el nombre de Colombia en
algún festival o frente a un público masivo. No
es algo para tomar a la ligera o con demasiado
celo por los señores de Proimágenes, que tienen
la consigna directa de rechazar por lo menos el
20 o el 30% de los proyectos presentados por
cualquier bobada que se les ocurra para que los
del jurado no tengan que estudiar tanto
proyecto! Ahora, ser excesivamente exigentes
estaría bien si las causas de inhabilidad fueran
claras y concisas desde un inicio, pero no lo
son y hay absurdos como dejar como subsanable la
no presentación de la cédula o RUT y rechazar
fulminantemente un documento legal firmado ante
un notario porque no tiene fecha del presente
año, como si ese detalle lo volviera obsoleto
automáticamente. Así hay muchísimos casos y casi
todos son por falta de claridad en los
requisitos, que hacen más evidente la consigna
inicial de tumbarles el trabajo a los
productores para beneficiar unos jurados a los
que se les está pagando por esa labor. Y, encima
de todo, para colmo de males, este año sucedió
un caso que es a la vez aberrante y preocupante
por sus implicaciones nocivas, ya que deja un
mal precedente para el futuro y la objetividad
de un proceso que debería ser totalmente
transparente. Un productor, cuyo nombre
mantendremos en reserva por obvias razones,
presentó un proyecto que fue aceptado sin
problemas en primera instancia y publicado en la
página de Proimágenes. Sin embargo, llegó un
misterioso e-mail a las oficinas de Proimágenes
donde se decía maliciosamente, y sin ningún
fundamento, que el productor no tenía los
derechos del guión presentado, a pesar de haber
entregado todos los papeles legales requeridos y
haber sido aceptado en la lista publicada.
Entonces, sin tener pruebas de ninguna índole de
la procedencia del e-mail, los señores de
Proimágenes hicieron una revisión con lupa del
proyecto, no para comprobar si el e-mail tenía
razón en sus acusaciones infundadas, sino para
derrumbar el proyecto y declararlo inhabilitado
para concursar. Nos preguntamos asombrados: ¿Ese
es el proceder legal de las cosas? ¿Se le está
dando al productor perjudicado el mismo derecho
que a la persona responsable de enviar semejante
mentira? ¿Un e-mail sin ninguna prueba, hecho
por quién sabe quién, enviado de quién sabe
dónde, tiene más valor que un proyecto donde se
está presentando un productor con su nombre
completo, con sus documentos de identidad en
orden, con hoja de vida intachable, con todos
los requerimientos de derechos de autor
correctos? Sin entrar más a fondo, ya que el
resto se puede decir lo que llaman los abogados
"reserva del sumario", este caso nos parece
fuera de serie y comprobatorio de un proceso que
necesita un cambio radical y hasta el
nombramiento de una empresa externa como Price
Waterhouse en los Oscares para que maneje ese
proceso. De hecho, nos parece que la única falla
no subsanable es la de entregar los proyectos
después de tiempo. Por dignidad y respeto al
trabajo de la gente, todas las fallas se pueden
subsanar en un tiempo prudente y sólo los que no
las presentan quedan por fuera. Ningún e-mail
anónimo y sin pruebas se puede aceptar como
excusa para acabar con el trabajo honesto de un
equipo de profesionales con la frente en alto y
sin nada que esconder.
MAYOR
PRESENCIA DEL GREMIO EN EL CONSEJO
El
Consejo de Cinematografía, a pesar de ser una
entidad creada para favorecer a los cineastas,
la representación del gremio cinematográfico es
bastante pobre. Con sólo 2 representantes (de
productores y directores) el gremio es una
minoría notoria ante 4 representantes del
gobierno, 1 de exhibidores, 1 de distribuidores
y 1 de las regiones. Nos parece lógico que al
tener productores y directores, se les debería
dar cabida a los guionistas y a los técnicos,
involucrando directamente a los 4 sectores
fundamentales del cine. También nos parece que
al tener 2 asesores para el Ministro de Cultura
lo único que se está haciendo es burocratizando
aún más el proceso y que uno por lo menos está
sobrando.
DINAMIZAR LA
PRESENTACION DE PROYECTOS
Cada día se vuelve más importante la
presentación de proyectos cinematográficos con
planes de financiación concretos, que sirvan de
guía para posibles inversionistas y no
simplemente una recopilación de documentos
inútiles para llenar requisitos burocráticos. Ya
se acabaron los tiempos de aquellos ilusos que
creían que hacer cine era sólo para divertir a
sus amigos y gastarse la plata de otros. El cine
es una industria de alto riesgo que se tiene que
afrontar con mucha inteligencia y sabiduría,
respaldado por planes de negocios bien
elaborados y factibles, especialmente ahora que
la situación económica del cine colombiano está
en una encrucijada y la consecución de
inversionistas se vuelve cada día más difícil.
La presentación para las convocatorias del FDC
debe reflejar lo que se está viendo en los
diferentes talleres mundiales y encuentros de
productores, donde es más importante el proyecto
en sí como negocio viable, el "pitch" y su
factibilidad económica que todos los papeles
inútiles que se han venido exigiendo hasta
ahora. De cierta forma, el guión y su temática
han tomado un segundo plano ante la realidad de
un negocio que es mucho más complejo que lo que
piensa la mayoría de las personas.
EL MERCADO
COLOMBIANO ES UNO SOLO
Hasta ahora uno de los principales requisitos de
las convocatorias de largometraje eran los
renglones de promoción, distribución, exhibición
y recuperación, donde cada concursante tenía que
literalmente inventarse un marco teórico de lo
que es el mercado cinematográfico colombiano. Y
decimos "inventarse" porque hasta el momento no
existe un estudio serio del mercado de cine en
Colombia, aparte de uno realizado hace muchos
años por Fedesarrollo, que se
encuentra obsoleto. Hay unas pocas estadísticas
que publica Propimágenes en su página, sin
ninguna guía o evaluación de las cifras.
Entonces, verdaderamente, cada productor se
"inventa" su interpretación del mercado local a
su manera, generalmente pecando de cándidos al
no tener información pertinente y veraz a su
alcance. Y por ende, los jurados, en su mayoría
extranjeros o colombianos que viven en el
extranjero, no saben cómo interpretar el mundo
económico que cada uno de los productores les
presenta como el mercado potencial de sus
producciones. Entonces para cada jurado cada
proyecto es un mundo económico diferente, de
acuerdo a las cifras equivocadas o medianamente
acertadas que cada productor ha recopilado a su
manera. Dentro de este marasmo de cifras, la
mayoría de los jurados prefieren más bien hacer
caso omiso de las cifras y solamente centrarse
en sus gustos personales del tema de cada guión
y dejan la parte económica a la deriva.
Nos
parece que este requerimiento se debe obviar y
reemplazarlo con un estudio serio realizado con
las cifras exactas de los últimos años basados
en los datos que están en los archivos de
Proimágenes. El mercado de cine colombiano es
uno solo y en el caso de las convocatorias sirve
más que todo para orientar a los jurados, que
generalmente no manejan temas económicos y mucho
menos los que tienen que ver con nuestro cine.
Dentro de este esquema ideal, de tener un buen
estudio actualizado de cifras concretas y un
análisis no solamente de entradas, sino de
gustos del público, al productor se le puede
exigir una proyección más acertada de las
posibilidades reales de su proyecto dentro de
este marco. Además, de esta forma los jurados
tienen una perfecta visión de lo que es el cine
Colombiano desde la perspectiva económica y
pueden juzgar más fácilmente las diferentes
propuestas y no obviar este renglón como lo han
hecho en el pasado.
LOS
PRESUPUESTOS CLONADOS
Desde hace años el renglón de los presupuestos
en la presentación de proyectos deja mucho que
desear. Todos parecen copias de otros y casi
ninguno cumple las funciones que debería, como
plan maestro de cualquier producción
cinematográfica. En términos generales manejan
unas cifras que están tan alejadas de la
realidad nacional que parecen elaboradas en
Disney World o en la Isla de la Fantasía. Hay un
consenso generalizado, que no sabemos de dónde
viene, que mientras más caro el proyecto, lo van
a ver con mejores ojos los jurados o posibles
inversionistas. Y la cifra mágica de los 2.000
millones de pesos por proyecto es como un imán
para todo productor novel que quiere hacer su
primera película. Bueno, pero cada cual con su
ilusión, en la realidad un presupuesto tiene que
ser un fiel reflejo del producto que se va a
filmar y no hay dos parecidos. Cada película
tiene su costo adecuado y es una lástima que en
lugar de ser una pieza clave de cualquier
proyecto, ayudando en su financiación, se vuelve
una vil copia de otras, en la mayoría de los
casos por desconocimiento, por falta de
experiencia o por demasiadas pretensiones al
abordar una aventura tan riesgosa como es la de
producir una película bajo las circunstancias
actuales.
Sea
la razón que sea, el presupuesto en la mayoría
de los casos es un elemento dentro de la
presentación de los proyectos que no se toma muy
en serio por los jurados. En algunos casos por
desconocimiento del jurado en temas de esa
índole o por confrontarse con cifras que no van
de acuerdo con el tema o el guión que está
evaluando en ese momento. Por experiencia
propia, sabemos muy bien que la mayoría de los
jurados escogidos para valorar proyectos de
largometraje no tienen mucha experiencia en
costos de producción, en temas económicos y,
para colmo de males, poco les interesa o no
saben valorar su importancia en la realización
de una película. Para ellos el guión es
primordial y sus gustos personales priman sobre
cualquier valoración que se salga de esa visión
exclusivista. Por eso queremos proponer una idea
que hemos tenido desde que se comenzaron a
manejar las convocatorias en el año 2004.
Hoy
en día el manejo económico de una propuesta
cinematográfica es tan importante y en muchos
casos más importante que el tema mismo. No se
puede ignorar como se ha venido haciendo. De las
películas escogidas el año pasado (el 2008), la
gran mayoría están cerca a los 2.000 millones de
pesos y algunas sobrepasan el tope. Uno se
pregunta si los jurados están consientes de la
realidad colombiana actual donde aun la película
nacional más taquillera del momento no va a
tener más de 300.000 espectadores, como lo hizo
recientemente El Arriero, que según sus
productores costó cerca de los 2 millones de
dólares. ¿Se justifica invertir esa cantidad de
dinero en un producto que no va a generar más
del 15% de retorno en su país de origen? ¿Están
disparados los costos, los presupuestos o no se
conoce bien los vaivenes de un mercado que va en
un descenso peligroso? ¿Estamos ignorando uno de
los puntos más importantes al evaluar un
proyecto?
Consideramos que el costo y la viabilidad
económica de una película es tan importante y a
veces mucho más que su propio tema principal. Se
le debería dar un tratamiento especial para
facilitarles la decisión final a los jurados
antes de tomar una determinación basada
solamente en el tema. Se puede crear un segundo
jurado de apoyo, especialista en temas
económicos y manejo de presupuestos, con
experiencia en producción, que puede estudiar la
parte de las cifras y generar unas evaluaciones
objetivas de cada proyecto. Este jurado no va a
tener ninguna incidencia sobre la decisión final
de premiar tal y cual proyecto, pero le va a dar
una guía muy precisa a los otros jurados para
que sepan exactamente los peligros en que pueden
caer ciertos proyectos que no están bien
estructurados en esa parte. Ya hemos hecho la
experiencia antes y funcionó perfectamente. Sólo
se necesita implementarlo de verdad y no como un
experimento casual.
EMPEZAR A
VALORAR LA EXPERIENCIA
Al
no tener pautas fijas, algún tipo de escalafón o
unas directrices para los jurados, se están
escogiendo proyectos solamente basados en su
tema y no se está teniendo en cuenta la
experiencia o veteranía de sus realizadores,
elemento fundamental en la continuidad de
ciertos estilos en la cinematografía nacional.
Sería interesante separar los proyectos en
aquellos que son "opera prima" o primera
película de sus realizadores, otra para los que
ya han hecho una película y una tercera para los
que han hecho más de una o dos películas. De
esta forma los jurados tendrían unas bases más
sólidas para escoger y valorar a quién van a
premiar y quiénes son los que más garantías
presentan.
PREMIO
DEVUELTO TRAE SUS CONSECUENCIAS
Es
muy triste ver con el gran entusiasmo que
algunos o casi todos los productores se
presentan a las convocatorias y al final son
rechazados por reglas ridículas o por jurados
que no leyeron bien sus propuestas y escogen por
gustos personales. Un
caso insólito es el de una película de la
convocatoria del 2005 que devolvió la plata
porque su productor consideraba que no se
encontraba preparado para el reto o porque no
fue capaz de conseguir la financiación. La razón
nunca la sabremos porque los señores de
Proimágenes jamás publican este tipo de casos,
como si fuera un mal contagioso. Sin embargo,
este mismo proyecto se volvió a presentar en el
2008 y volvió a salir ganador. Nos hacemos dos
preguntas sobre este caso, ¿Es justo con los
otros concursantes aceptar un proyecto que fue
devuelto por incapacidad de producción?
¿Sabían este caso anómalo los jurados al seleccionarlo como ganador
otra vez en el 2008?
Ante lo anterior, queremos sugerir en este
renglón que proyecto que se presente y se
devuelva, no puede volver a concursar. Es apenas
lógico y respetuoso con la seriedad y dedicación
que los otros concursantes han demostrado. Esto
no es un juego para muchachitos con juguete
nuevo. Y, así como se hace en los reinados de
belleza, deberían existir proyectos no
ganadores, pero con Mención de Honor, uno y dos,
para entrar a reemplazar proyecto que se retire.
La razón de esto es que esa plata, que le puede
servir mucho a esos proyectos meritorios pero no
ganadores, no se pierda, así como ya ha sucedido
varias veces antes.
¿ESTA BIEN
REPARTIDA LA TORTA?
La
Ley fue montada desde un inicio para insentivar
la producción de largometrajes y de hecho casi
el 70% del dinero que se está cobrando se
destina a este rubro y las arandelas de cortos,
documentales, jurados, etc. El 10% se va en
gastos de funcionamiento de Proimágenes y el 20%
restante cubre generación de públicos, formación
profesional, visitas a festivales de cine,
apoyos al Patrimonio Fílmico y otra serie de
gastos relacionados con los diferentes frentes
del cine.
Ahora, con los problemas económicos de los
largometrajes y la sobre-abundancia de producto,
nos parece importante revisar un punto que ha
quedado prácticamente en el olvido. El premio de
producción, que ahora es más o menos $280
millones para la etapa de rodaje y $120 para
posproducción, para un total de $400 millones,
generalmente repartido entre ocho proyectos, se
debería evaluar seriamente. Una idea puede ser
menos proyectos, un incentivo más grande, mejor
seleccionados, que tengan buenas posibilidades
de no solamente realización, sino de taquilla
también. Proyectos de poco público, demasiado
artísticos, pero con valores que no se pueden
negar, tendrían su cabida, pero bajo esquemas de
producción mucho más reducidos y sin los
presupuestos de 2.000 millones de pesos al que
aspiran casi todos. En fin, se debería dar más
libertad en la escogencia y no limitarse sólo a
los gustos particulares de unos jurados que
están bastante alejados de los gustos del
público normal y corriente.
Al
arrancar a funcionar la Ley en el año 2004, se
tomó una decisión muy sabia y fue la de en un
inicio apoyar todas esas películas que estaban
filmadas, en diferentes etapas de terminación, y
de cierta forma estaban practicamente estancadas
por falta de plata. Con esa decisión se logró
darle el empuje final a cintas como Sumas y
Restas, La Sombra del Caminante, El Rey, Perder
es Cuestión de Método, Violeta No Está Muerta,
Malamor, Sin Amparo, El Colombian Dream, La
Historia del Baúl Rosado, entre otras. Sin
embargo, desde ese momento hasta ahora ese apoyo
a películas que no han tenido la suerte de
ganarse el premio de producción, se han visto
abocadas a luchar por uno de los dos premios
anuales de $120 millones de posproducción, que
han tenido años tan desafortunados como el del
2008 donde escogieron dos documentales por
encima de varias obras de ficción, que merecían
el premio mucho más. Este hecho es doblemente
doloroso teniendo en cuenta que uno de los
documentales ya había recibido dineros de la
Comisión Nacional de Televisión, que se supone
sólo debería apoyar proyectos de televisión y a
su vez el FDC sólo debería tener en cuenta
trabajos cinematográficos.
En
nuestro entender es mucho más valioso un trabajo
realizado directamente para cine, utilizando
dineros propios o de terceros, pero sin ningún
apoyo inicial de la Ley de Cine. Ese es un gran
esfuerzo, que no depende de la tómbola de la
suerte que son las convocatorias del FDC, que no
son simples proyectos escritos, sino que están
hechos sin agüero, con talento, dedicación,
mística y muchísimo riesgo desde la parte
económica, así como se hacía cine en este país
antes de que existiera Focine, La Ley de Cine o
Ibermedia. Y nos parece que este esfuerzo
titánico de unos cuantos no se está valorando
para nada y el premio de posproducción sigue
siendo una lotería. Nos parece que este renglón
se debería ampliar a $150 o $200 millones por
proyecto y que quede como un estímulo
automático, dependiendo de la decisión de un
pequeño comité donde debería estar un
distribuidor, un exhibidor y un publicista, que
son los únicos que verdaderamente saben si una
película es lo suficientemente buena para
recibir el premio y verse en pantalla. Ya los
jurados del FDC han demostrado su mediocridad en
ese sentido con sus escogencias en las últimas
convocatorias. Es muy diferente mostrar una
película ya filmada y editada que un proyecto en
papel y sin ninguna garantía de resultado. Este
año se presentaron 15 proyectos, que significa
que este renglón del proceso cinematográfico
nacional no se está atendiendo debidamente por
la Ley y los encargados de manejar su destino.
SIGUE EL
DILEMA ENTRE 35mm, 16mm y DIGITAL
Uno
pensaría que el viejo tema de la pelea entre lo
digital y el cine ya se había terminado, pero en
las convocatorias de este año apareció un
engendro que nos pareció una buena idea inicial,
pero posiblemente mal desarrollada. Creemos que
no es ningún misterio que la mayoría de las
películas que se están haciendo o planeando
hacer en Colombia van a ser hechas totalmente en
digital. Se habla más de Red, CineAlta, Varicam,
HD, terabytes, velocidad de transmisión, etc.,
que de Arriflex, emulsiones, laboratorios,
película virgen, etc. Aparecer con un premio de
$200 millones por filmar en digital hoy en día
es tan absurdo y fuera de tiempo, que ni
siquiera aguanta escrutinio. Los 14 productores
que se presentaron este año no se dieron cuenta
que las exigencias de terminación eran casi
idénticas a las de la convocatoria normal de
largometrajes, pero con el gran inconveniente de
solamente recibir un 50% del premio. A la larga,
este estímulo no sirve sino para esos que
quieren filmar una peliculita de muy bajos
recursos y pasarla en el videobeam de la escuela
de su pueblo.
LOS JURADOS
DEBEN ESTAR MAS INFORMADOS
Desde un inicio se decidió dejarle a los jurados
mucha libertad en su escogencia, pero la
experiencia nos ha enseñado que un jurado bien
informado puede tener mejores decisiones a la
hora de la verdad. Si se les ayuda al
presentarles un panorama del negocio
cinematográfico colombiano y se les hace una
valoración sobre la parte económica de cada uno
de los proyectos, el jurado puede tener mejores
herramientas para escoger proyectos viables y
económicamente más confiables. Y si, además, se
separan los diferentes proyectos por experiencia
de sus realizadores, va a ser mucho más fácil la
escogencia final.
REGLAS MAS
FIRMES PARA LOS JURADOS
En
los últimos años se ha visto lo que podríamos
llamar "un relajamiento" de los jurados ante las
reglas estipuladas en las Convocatorias. En
algunos casos han llegado a escoger 11 películas
en lugar de las 8 reglamentarias, causándoles
grandes perjuicios a otros ganadores que han
visto su premio mermado para darle cabida a
caprichos del jurado. Ha sido tan anormal esta
situación, que en un caso le dieron un premio
pequeño a un proyecto dizque para "desarrollo"
del tema, que les pareció interesante,
totalmente burlando las reglas del concurso.
Esto es un absurdo y no tiene nada qué ver con
el trabajo que tenían entre manos. En otra
ocasión, escogieron dos documentales para
recibir los únicos dos premios de
postproducción, dejando por fuera las películas
de ficción, porque a los jurados personalmente
les gustaba más los documentales que las
películas de ficción. Qué desatino tan grande!
Qué mal escogidos los jurados, que deberían ser
imparciales y objetivos en sus gustos. Y, lo
peor de todo, nadie se quejó.
UN
COLOMBIANO RESIDENTE EN COLOMBIA PARA LOS
JURADOS
Nadie puede discutir la necesidad de un
profesional del medio del país donde se está
llevando a cabo una convocatoria como las del
FDC. La visión nacional es fundamental para
balancear un jurado compuesto básicamente por
extranjeros que conocen muy poco de Colombia y
su idiosincrasia. Para "lavarse las manos" de
esta necesidad, los señores de Proimágenes
generalmente contratan colombianos que han
vivido por muchísimos años fuera del país y
conocen menos de nuestras costumbres y de la
industria local que los otros extranjeros.
EVALUACION
DE LOS JURADOS
Un
tema latente entre los productores que se han
presentado a las convocatorias del FDC,
especialmente aquellos que no han sido
favorecidos con ningún premio, es el mal sabor
de no saber por qué su proyecto fue rechazado.
Además, siempre queda la duda si efectivamente
su proyecto fue leído así sea por uno o dos de
los jurados, ya que el sistema de relevos impera
ahora para aligerarles la carga a los jurados y
repartir la carga entre varios. Una forma de
evitar esta suspicacia justificada sería la de
exigirles una evaluación breve de cada una de
las obras revisadas hecha por cada uno de los
jurados, así como se hace con las Becas del
Ministerio de Cultura. De esta forma se le daría
transparencia a un proceso que no está muy claro
y deja muchas dudas.
CONCLUSION
A
pesar del encabezado, aun quedan muchas
incógnitas por resolver. Primero que todo, en
este momento no se sabe quiénes van a quedar en
el nuevo Consejo de Cinematografía y si los
productores y directores van a terminar siendo
representados, como siempre, por gente nueva,
sin mucha experiencia en el medio, alejados de
la producción profesional o ex-empleados del
Ministerio de Cultura, vamos a seguir cojeando y
sin cambios en las políticas de un sistema que
tiene problemas evidentes.
Hemos tratado de plasmar en este artículo
algunas de nuestras inquietudes, basadas en
experiencias propias y de otros, de las pocas
estadísticas que los señores de Proimágenes nos
dejan ver, y de lo que se habla a "sotto
voce" en los pasillos, los estudios y los
sets de filmación. Sólo esperamos que las cosas
empiecen a cambiar y que nuestros colegas abran
bien
los ojos...
Noviembre 13, 2009
Nombre: luka echavarria
Correo Electrónico:
lukaechavarria@hotmail.com
Uno de los documentales que ganó
arbitrariamente el premio se lo dieron al
teatrero Sandro Romero, ¿quién
hacia parte del jurado? Maria Vasquez su
intima amiga.
Peto restrepo ganó premio con su pelicula,
¿quién era el jurado? Alberto Quiroga su
intimo amigo y amante de la Claudia Triana, y
en el fondo ella es la responsable de todo
este triste panorama del cine, hasta que esa
señora no se retire de proimagenes, aqui nada
va cambiar
Octubre 7, 2009
Nombre: Juan Falla
Correo Electrónico:
juan.falla@gmail.com
Me pareció un artículo espectacular. Objetivo,
con cifras reales, sin pelos en la lengua...
Este verano estuve en Bogotá, y me impresionó
el saber que allá una película de 500 mil
dolares es considerada "de bajo presupuesto".
Esto, según varios productores con los que
tuve la oportunidad de hablar.
Definitivamente, hay algo MUY MAL. Es el
colmo que en Colombia "hacer cine" sea tan
costoso.
Septiembre 16, 2009
Nombre: César Rodríguez.
Correo Electrónico:
Naganta@gmail.com
Una consecuencia grande es el apoyo y la
creencia de lo que hacemos. Siempre estamos
comparandonos con otras industrias en lugar de
ponerle mas atención a lo nuestro. Ejemplo
los exibidores de pelicuas exiben más
peliculas de otros paises que colombianas. Por
otro lado creo que nesecitamos mostrar algo
diferente que no sea drogas y guerrilla. En
este pais existe una cultura diversa y
hemosa que podemos plasmar en el cine.
gracias por este Espacio.
Atentamente, César Rodríguez.
Septiembre 16, 2009
Nombre: Guadalupe Cañas
Es cierto que frente a la existencia de
convocatorias todos queremos participar,
movidos por el deseo de ganar un premio. Fue
muy importante saber a través de este
artículo, de donde sale el dinero y creo que
quienes participan deben tener en cuenta que
lejos de ser un premio, es solamente un
derecho ganado para realizar un trabajo con
calidad, utilizando fondos para los cuales
todos hemos aportado.
Por otro lado, ¿sabrán quienes eligen, el
costo monetario y en términos de trabajo
aplicado en los que incurre un participante?
Todos los que hemos concursado, sentimos que
no es valorado, sobretodo cuando los
requisitos son en algunos casos absurdos y por
otro lado, posterior a la selección de los
proyectos favorecidos, no se recibe una
explicación o nota con las razones por las
cuales no fue seleccionado. Casos como el
relatado en el artículo, donde se da más valor
a chismes que a quienes participan y a un
proyecto, hace inoperante un sistema que lejos
de ser transparente, se vuelve el verdugo de
quienes son objeto de injusticias y tratos
desiguales.
Es cierto que existen dos puntos que deben
tenerse en cuenta, las bases para concursar,
las cuales son más de carácter formal y en
segundo lugar, el proceso de selección de
proyectos favorecidos con el estímulo. Sería
excelente la retroalimentación a través del
conocimiento de los criterios de selección,
para fortalecer y mejorar un trabajo en el que
creemos como participantes y dado que la Ley
de cine tiene como fin fortalecer la actividad
cinematográfica, no se entiende como no se
socializan los resultados y las calificaciones
que dan los jurados elegidos, a cada uno de
los proyectos.
Mis preguntas son, ¿es que los jurados
trabajan ad hoc, nos hacen un favor? o son
pagados algunos honorarios por su labor? Sea
cual fuere la respuesta, debe haber un trabajo
que se pueda mostrar y un resultado para todos
y cada uno de los proyectos. Todos tenemos el
derecho de saber quién estudió nuestro trabajo
y las razones por las cuales no fue
favorecido. Esto si que fortalecería la
industria.
Septiembre 16, 2009
Nombre: Gonzalo Perdomo
Correo electrónico:
gonza378@hotmail.com
Después de leer
con detenimiento el artículo me surgen algunos
interrogantes, que quisiera plasmar, con el
fin de aclarar una serie de posiciones que
observo se dan como si fueran recetas, para
dirigir el devenir de nuestra naciente
industria cinematográfica.
En términos
generales, toda sociedad tiene cultura y su
práctica depende de las personas que se
interrelacionan, lo que implica que todos y
cada uno de nosotros en nuestras actividades
somos sujetos culturales y como tales debemos
tomar responsabilidad sobre el desarrollo de
nuestra actividad.
Es triste que
permitamos que una actividad como el cine,
para todos quienes creemos en él, deje de ser
una empresa personal y se convierta en una
decisión institucional. El desarrollo de la
actividad cinematográfica ha dejado de ser
para muchos una realización de índole
personal, para convertirse en responsabilidad
de otros. ¿A quién quejarse cuando
sustituimos de manera cómoda nuestros deseos
internos por la visión general, de quienes no
nos conocen y deciden sobre nuestros propios
deseos? Creo que esta es la manera más fácil
de quejarse cuando no existe rigurosidad en el
trabajo y así cobijarse en las instituciones,
para cubrir la ineficiencia privada y la falta
de compromiso individual.
Mientras
mantengamos esa postura mediocre y facilista,
dejando en manos del Estado y de cada uno de
sus funcionarios la toma de decisiones sobre
que y como hacerse, anularemos la iniciativa
privada, no va a existir ninguna industria y
más, cuando creemos que una Ley por sí misma
hará el trabajo que debemos realizar como
empresarios.
Septiembre 15, 2009
Nombre: Ricardo Islas (Chicago,
USA)
Correo Electrónico:
night_fangs2004@yahoo.com
Muy buen artículo, estimado.
El problema que veo en Colombia se ha visto en
muchos países latinoamericanos cuando sus
respectivas leyes de cine se han promulgado. Y
mucho antes de que este problema se viera en
America, se vio y se sigue viendo en Europa.
Yo he estado en reuniones de productores en
Europa Oriental, donde se escuchan cosas tales
como: A quién le importa si la gente nos ve o
no? Mejor si sí, pero si no da igual... España
por ejemplo, está llena de películas que
cuestan cientos de miles de dólares y que ni
siquiera se llegan a estrenar... y todo con
plata dulce de las convocatorias y demás... No
creo que este problema se vaya a solucionar
institucionalmente. Después de todo, el
gobierno puede decir: cumplí con favorecer las
artes, qué más quieren? y en cierta forma
tienen razón. Tampoco lo van a solucionar los
cineastas. Porque el artista, desde la época
de los mecenas y antes también, sólo quieren
que les den fondos para seguir creando. No son
hombres de negocios. La única forma de
establecer una industria cinematográfica, en
Colombia o donde sea, es que, al igual que
pasó en EEUU a principios del siglo 20, un
montón de empresarios, gente de negocios,
gente de números, decida echarle mano al
asunto con un criterio empresarial desde el
vamos. Si se lo emprende como negocio,
funcionará como (o no...) como negocio. Ni los
gobiernos por un lado, ni los artistas por
otro, van a lograr lo que sólo un vendedor
nato puede.
Esa es mi humilde opinión...
Septiembre 15, 2009
Nombre: IVAN HARTMANN
Correo Electrónico:
ivanchohartmann@hotmail.com.co
SI BIEN ES CIERTO QUE EL FUNDAMENTAR EL
ARTICULO EN CIFRAS Y DATOS ESPECIFICOS LO HACE
INTERESANTE, Y EN CIERTOS MOMENTOS ES DE
VALORAR LA INTENCION DE OPINION EN CUANTO A
ASUNTOS QUE GENERAN FALENCIAS PARA LOGRAR UNA
VERDADERA INDUSTRIA, PIENSO QUE POR MOMENTOS
PARECERIA UN JUICIO PARTICULAR EXCLUYENTE
GENERANDO UNA ANTITESIS CON LO EXPUESTO Y TAL
VEZ RESENTIDO
EN CUANTO A QUE NO SE TENGA EN CUENTA LA
EXPERIENCIA Y EL PROFESIONALISMO, O QUE NO
DEBERIA ABRIRSELE LAS PUERTAS A GENTE JOVEN Y
SIN EXPERIENCIA, O QUE EN LA MAYORIA DE PAISES
SE RESPETA LA IDONEIDA Y EXPERIENCIA, O NO
TENER EN CUENTA LA EXPERIENCIA O VETERANIA DE
SUS REALIZADORES QUE YA HAN HECHO UNA O MAS
PELICULAS Y QUE DEBERIAN CONTAR COMO
CATEGORIA, O EXALTAR A LOS QUE PRESENTEN MAS
GARANTIAS APOYADOS EN SU EXPERIENCIA.
ME PARECE QUE PRIMERO AL PLANTEAMIENTO DEL
CINE COMO INDUSTRIA SE LE DEBE DAR SU LUGAR
ADMITIENDO NUEVAS NARRATIVAS, LENGUAJE
CONTEMPORANEO QUE FINALMENTE SERIAN LOS QUE
GENERAN IMPACTO, GUSTO, DIVERSION POR PARTE
DEL ESPECTADOR Y NO LENGUAJES GASTADOS DE
INDIVIDUOS QUE EN MAS DE UN INTENTO SIN EXITO
LO QUE HAN HECHO ES DISMINUIR LA CALIDAD DE
NUESTRO CINE, HASTA CONSIDERARSE LAS VACAS
GORDAS GERIATRICAS DEL CINE Y TODOS LO
SABEMOS, AYUDANDO A QUE PAISES
LATINOMAMERICANOS INCURSIONEN EN OTROS
MERCADOS CON SU CINE GRACIAS A GENTE JOVEN SIN
MAÑAS Y NOSOTROS SIGAMOS TENIENDO LAS MISMAS
PRODUCCIONES DE MEDIOPELO Y SIN SALIDA
REALIZADAS POR ANCIANOS QUE CREEN QUE
DESCUBRIERON EL ELIXIR DE LA VIDA ETERNA.