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  Only for international Producers:

It's no big secret that nowadays production companies can film practically anywhere in the world with the same quality that we have become accustomed to with Hollywood. Look into what Colombia has to offer:
FILMING IN COLOMBIA
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  Cinembargo Colombia

Este texto ofrece una mirada inédita sobre la producción cinematográfica colombiana. Sin desprenderse de la narrativa fílmica de las obras que analiza, Juana Suárez conduce por entre la densidad cultural de esta producción y su inseparable relación con la historia social y política del país, con un punto de vista siempre esclarecedor..

 
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70 Años de Sueños es el título del nuevo DVD de 54 minutos de duración, dirigido por Julio Luzardo y producido por el Patrimonio Fílmico Colombiano, sobre los primeros 70 años del cine nacional. Indispensable para cinéfilos, investigadores y amantes del cine colombiano. A la venta en las oficinas del Patrimonio. Informes en el 283-6496 o info@enrodaje.net .

 
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Cine, Televisión, Fotografía y Producción en Colombia
 

¿Para dónde va la Ley de Cine?

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por Julio Luzardo


SEIS AÑOS DE EXPERIENCIAS

A casi seis años de implementada la Ley 814 de 2003, la famosa "Ley de Cine", que le ha dado nueva vida al siempre naciente, o siempre moribundo, cine colombiano, es importante hacer un análisis a fondo, por parte de todos los interesados y en especial por parte del Consejo Nacional de las Artes y la Cultura en Cinematografía CNACC, con el fin de evaluar los resultados obtenidos hasta el momento. Sin quitar méritos y logros, surge un interrogante, ¿Se ha alcanzado el espíritu de la Ley? O ¿El espíritu de la Ley es letra muerta por las deficiencias de un sistema que no funciona como se esperaba?

La idea general detrás de la Ley de Cine era la de proveer los mecanismos necesarios para establecer bases sólidas para un negocio que lleva casi 100 años en el país y que hasta el día de hoy no ha logrado establecerse como "industria" y ha sido la responsable de innumerable quiebras individuales y de empresas que han creído en el sueño imposible de una cinematografía nacional. Sencillamente no se puede seguir con esta filosofía de creer que el cine nacional está bien simplemente porque se está produciendo más que nunca. ¿Y qué ha pasado con las ganancias que debe generar cualquier negocio, el retorno que le debe generar a un inversionista que ha creído en los beneficios de la Ley más allá de ser un simple ahorro en impuestos y todas las otras incógnitas que han aparecido y que demuestran que seguimos igual o peor que antes de la Ley?

Uno de los problemas que tiene la Ley es que fuera de aportar una serie de premios y beneficios, no ha hecho nada por señalar el camino hacia el logro de una rentabilidad más factible dentro del dudoso negocio del cine. A la larga, seguimos como siempre, sólo que ahora hay unos premios para aligerar la carga un poco o para servir de incentivo. Pero si hay una regla general de la vida es el conformismo, especialmente cuando algo se considera un regalo, un premio o un golpe de suerte. A la larga, nadie se preocupa demasiado porque consideran que son eventualidades de la vida, accidentes fortuitos que algunos saben aprovechar muy bien y que otros sueñan con lograr algún día. En el fondo se repite el viejo dicho: "lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta". Eso es lo que se ha creído con el manejo de la nueva Ley, que todos han considerado como "plata llovida del cielo". Se logró blindar con la ayuda de la DIAN un sistema impositivo para exprimir a los exhibidores, distribuidores y algunos productores nacionales y generar un dinero para producir y producir cine sin ningún sentido verdaderamente utilitario, estructural, o duradero. Se intentó generar "industria a lo bestia", sin planeación a corto, mediano o largo plazo.

A ninguno se le ocurrió pensar que esos regalos, premios o golpes de suerte pudieran a la larga resultar altamente nocivos, llenos de trampas, finalmente malogrando el espíritu inicial para lo que fueron creados con tantas grandes ilusiones. Aquí nos vemos fielmente reflejados los colombianos en nuestras eternas improvisaciones. Todo es inmediatez y nada es duradero. En términos realistas se está despilfarrando una considerable cantidad de dinero para generarle una suma mayor de pérdidas a un sinnúmero de productores que no han tenido las herramientas o el conocimiento necesario para evaluar bien el negocio en el que están metidos. Mucho "tilín-tilín y poco de paletas", como dirían popularmente...

COMO VAMOS, VAMOS MAL

Desde que se implementó la Ley 814, hace casi seis años, se han exhibido cincuenta (50) largometrajes colombianos en las salas de cine del país. El 90% de estos largometrajes han recibido auxilios directos del Fondo de Cinematografía y de Ibermedia, las películas las han visto casi 11 millones de espectadores en Colombia y le han dejado un poco más de $34 mil millones de pesos a sus productores en premios y resultados de taquilla en Colombia después de descontar televisión, publicidad, exhibición, distribución e impuestos. Sin embargo, estas mismas películas costaron más o menos $65 mil millones producirlas y en el conteo final las cifras son francamente aterradoras: del costo de inversión, sólo se recuperó un 52.76%, las pérdidas fueron alrededor del 47.24% y 42 películas ni siquiera lograron recuperar su costo de inversión. Definitivamente, no se necesita ser un genio o experto en finanzas para darse cuenta que hay algo que no está funcionando bien y peor aún, parecería que no hay nadie que se esté preocupando.

¿QUE PASA?

A la larga, no pasa nada y eso es lo grave del asunto. El cine colombiano siempre ha tenido estos mismos resultados negativos a través de su historia desde 1922 cuando se estrenó La María. Nuestro cine ha sido una serie de intentos individuales, artesanales, de hacer cine contra viento y marea. Nunca ha existido un camino fácil o una guía para ayudar a prevenir las innumerables quiebras que han marcado la historia de esta siempre incipiente industria. Y hoy en día, a pesar de tener una flamante Ley de Cine que se suponía iba a romper la historia en dos, seguimos igual o peor que antes. Ahora con el oropel de los premios y la facilidad de ir a toda clase de festivales de cine, los productores novatos ni siquiera toman en cuenta el peligro económico de hacer cine porque están convencidos que existe una especie de "boom" cinematográfico nacional que milagrosamente les va a permitir hacer cine y a la vez los va a volver multimillonarios de la noche a la mañana...

LOS AFORTUNADOS

A pesar de las malas noticias generales, es reconfortante saber que ocho películas de las 50 exhibidas tuvieron la buena suerte de pagar su costo en Colombia y además obtuvieron una pequeña ganancia. Al ver la lista, se destaca claramente la experiencia, veteranía o el simple profesionalismo de los productores involucrados. Las ocho películas son:

Soñar no Cuesta Nada de CMO Producciones
Muertos de Susto de Dago García Producciones
Bluff de Laberinto Producciones
Mi Abuelo, Mi Papá y Yo de Dago García Producciones
Esto Huele Mal de CMO Producciones
Cartas del Gordo de Dago García Producciones
Al Final del Espectro
Sumas y Restas de Víctor Gaviria

Cinco de estas películas contaron con el respaldo de premios de producción y posproducción del FDC (todas de la Convocatoria del año 2005) y tres (las más rentables), fueron hechas a puro pulso por Dago García y su equipo, respaldados por el Canal Caracol. Cabe destacar que ninguna de estas películas tuvo los costos descarrilados de otras películas colombianas de la misma época.

EL BALANCE ACTUAL

Para ver la dimensión del problema hay que tomar en cuenta el nivel de la producción cinematográfica en el país:

Películas terminadas y listas para exhibir: 27 largometrajes
Películas en diferentes etapas de producción: 35 largometrajes
Películas en desarrollo: 95 largometrajes
Películas estancadas o sin posibilidades de exhibición: 39 largometrajes
Películas varadas con pocas posibilidades de terminación: 19 largometrajes

Sin contar con las películas en desarrollo (95), las estancadas o varadas (58), hay más o menos 62 largometrajes que tienen que estar listos en los próximos dos o tres años máximo, que es una cifra grande para un país acostumbrado a ocho películas o trece como las del 2008. En otras palabras, no hay campo para tanta producción nacional en las salas de cine colombiano.

¿Y DE LA EXHIBICION QUE?

Lo único que ha quedado claro en los más de 100 años de cine en el país es que la única parte del sector cinematográfico que ha podido sobrevivir todos estos años ha sido el de la exhibición. Desde los primeros intentos de los hermanos Di Doménico y posteriormente Cine Colombia y otras empresas, el único "negocio" de cine que ha prosperado en el país y sigue funcionando ha sido el de la exhibición cinematográfica. Y ni hablemos de la distribución porque esa parte siempre ha estado, como en el resto del mundo, bajo el monopolio absoluto de Hollywood.

Sin embargo, este brazo tan importante de la industria ha sido casi olvidado por la Ley y los representantes del gremio exhibición-distribución aparentemente no le buscan solución a un problema que no es solamente colombiano sino latinoamericano. Pensar en que nuestro cine se pueda ver fuera de nuestras fronteras, así sea solamente en Latinoamérica, es una utopía ya que su exhibición no depende de calidad, interés o creatividad, sino de una crítica ausencia de salas especializadas para cine de habla hispana en toda la región. Hollywood domina más del 80% del cine que se puede ver y la única forma de contrarrestar ese fenómeno no es con mejor y mayor producción, sino con salas especializadas donde el cine de Hollywood estaría vetado de por vida.

Hay un ejemplo real de cómo se puede ir pensando para que en un futuro existan salas dedicadas exclusivamente a la exhibición de cine colombiano y latinoamericano. Durante más de tres decádas el cine mexicano bajo el liderazgo de su empresa Películas Mexicana - Pelmex dominó buena parte de la taquilla de los países andinos, de Chile y Argentina, con un esquema sencillo de pocos teatros, muy bien localizados, creando un público grande y fiel, y de tal modo lograron influir con sus producciones sobre la vida y costumbres de los países donde se encontraban. Por varias razones esta empresa se acabó a mediados de los años '80 y el cine mexicano nunca volvió a recobrar su grandeza de antaño.

¿QUE SE PUEDE HACER?

En primer lugar, el Consejo de Cinematografía debería encargar un análisis objetivo y detallado de la situación económica actual del cine colombiano. En este momento, a través del sistema computarizado CIREC, el Consejo y Proimágenes, como nunca antes en la historia del cine colombiano, tienen acceso a toda la información detallada de entrada de público a todas las salas cinematográficas del país y no han sido capaces sino de sacar algunos datos de taquillas de las primeras semanas de algunas de las últimas películas colombianas en su Boletín semanal Pantalla Colombia. Estos pocos datos sueltos y sin continuidad o evaluación, a la larga no sirven de mucho porque no son sino cifras aisladas sin ningún análisis de fondo. Por el otro lado, tienen en sus archivos todos los presupuestos de los proyectos presentados y ganadores de las convocatorias, pero no se han tomado el trabajo de comparar si esas cifras se cumplieron o no y si los resultados económicos fueron los esperados por sus productores. Aquí en nuestras páginas de En Rodaje hemos tratado de hacer un balance lo más cercano a la realidad, pero al no tener acceso a todos los datos, teniendo que conformarnos con las pocas referencias que publican de vez en cuando Proimágenes o la Dirección de Cinematografía, pecamos por falta de información, que consideramos básica para el manejo económico del cine nacional, que deja un tremendo vacío en un área fundamental.

El Consejo de Cinematografía debería empezar a revaluar la insistencia de la Ley en la producción a costillas de ignorar la exhibición, pieza fundamental en la industria cinematográfica. Este no es solamente un problema colombiano, sino también de Ibermedia, que tampoco le ha prestado la atención debida a la exhibición/distribución del cine latinoamericano. Es como si todos pensaran que la única forma de apoyar el cine fuera desde el lado de la producción, que es un tremendo error de concepto comercial.

LOS ERRORES DE LAS CONVOCATORIAS

Desde hace dos años la taquilla del cine colombiano ha ido cayendo verticalmente, como lo hemos señalado en nuestros recientes artículos. Pueden existir muchas razones para justificar este fenómeno, pero definitivamente no es el de una caída de la taquilla en sí o de la piratería. La taquilla general se ha mantenido más o menos igual como en los últimos años, sólo la de cine colombiano ha caído. En el primer semestre de este año, las 5 películas más taquilleras en Colombia, todas de Hollywood, tuvieron asistencia desde 594.803 a 1.199.385 espectadores, cifras que el cine colombiano no volvió a saborear desde hace rato.  ¿Qué está pasando? ¿Vamos para atrás como el cangrejo?

Aquí en En Rodaje consideramos que ya es hora de hacer un revolcón total en la forma cómo se han venido escogiendo los proyectos, de la selección de jurados, de los números de proyectos, de ciertos requisitos que no tienen sentido, de reglas que se ajustan a ciertos criterios y a otras que se cierran sin sentido. Trataremos de abordar algunas sugerencias en este artículo, pero estamos seguros que existen muchas más y esperamos que los que tengan algunas ideas renovadoras, nos ayuden con sus comentarios al final de este artículo.

LOS REQUISITOS ABSURDOS

Todos los que hemos presentado un proyecto a una convocatoria sabemos que es un proceso largo, tortuoso y muchas veces, costoso. Nadie se presenta a una convocatoria con un proyecto elaborado a las carreras, con las copias del que presentaron el año anterior y sin atenerse al pie de la letra de los requisitos. Este proceso en términos generales, es un trabajo serio y profesional, hecho con dedicación y mucho cariño. De él dependen los sueños de muchos realizadores y sus grupos de trabajo que algún día pondrán en alto el nombre de Colombia en algún festival o frente a un público masivo. No es algo para tomar a la ligera o con demasiado celo por los señores de Proimágenes, que tienen la consigna directa de rechazar por lo menos el 20 o el 30% de los proyectos presentados por cualquier bobada que se les ocurra para que los del jurado no tengan que estudiar tanto proyecto! Ahora, ser excesivamente exigentes estaría bien si las causas de inhabilidad fueran claras y concisas desde un inicio, pero no lo son y hay absurdos como dejar como subsanable la no presentación de la cédula o RUT y rechazar fulminantemente un documento legal firmado ante un notario porque no tiene fecha del presente año, como si ese detalle lo volviera obsoleto automáticamente. Así hay muchísimos casos y casi todos son por falta de claridad en los requisitos, que hacen más evidente la consigna inicial de tumbarles el trabajo a los productores para beneficiar unos jurados a los que se les está pagando por esa labor. Y, encima de todo, para colmo de males, este año sucedió un caso que es a la vez aberrante y preocupante por sus implicaciones nocivas, ya que deja un mal precedente para el futuro y la objetividad de un proceso que debería ser totalmente transparente. Un productor, cuyo nombre mantendremos en reserva por obvias razones, presentó un proyecto que fue aceptado sin problemas en primera instancia y publicado en la página de Proimágenes. Sin embargo, llegó un misterioso e-mail a las oficinas de Proimágenes donde se decía maliciosamente, y sin ningún fundamento, que el productor no tenía los derechos del guión presentado, a pesar de haber entregado todos los papeles legales requeridos y haber sido aceptado en la lista publicada. Entonces, sin tener pruebas de ninguna índole de la procedencia del e-mail, los señores de Proimágenes hicieron una revisión con lupa del proyecto, no para comprobar si el e-mail tenía razón en sus acusaciones infundadas, sino para derrumbar el proyecto y declararlo inhabilitado para concursar. Nos preguntamos asombrados: ¿Ese es el proceder legal de las cosas? ¿Se le está dando al productor perjudicado el mismo derecho que a la persona responsable de enviar semejante mentira? ¿Un e-mail sin ninguna prueba, hecho por quién sabe quién, enviado de quién sabe dónde, tiene más valor que un proyecto donde se está presentando un productor con su nombre completo, con sus documentos de identidad en orden, con hoja de vida intachable, con todos los requerimientos de derechos de autor correctos? Sin entrar más a fondo, ya que el resto se puede decir lo que llaman los abogados "reserva del sumario", este caso nos parece fuera de serie y comprobatorio de un proceso que necesita un cambio radical y hasta el nombramiento de una empresa externa como Price Waterhouse en los Oscares para que maneje ese proceso. De hecho, nos parece que la única falla no subsanable es la de entregar los proyectos después de tiempo. Por dignidad y respeto al trabajo de la gente, todas las fallas se pueden subsanar en un tiempo prudente y sólo los que no las presentan quedan por fuera. Ningún e-mail anónimo y sin pruebas se puede aceptar como excusa para acabar con el trabajo honesto de un equipo de profesionales con la frente en alto y sin nada que esconder.

MAYOR PRESENCIA DEL GREMIO EN EL CONSEJO

El Consejo de Cinematografía, a pesar de ser una entidad creada para favorecer a los cineastas, la representación del gremio cinematográfico es bastante pobre. Con sólo 2 representantes (de productores y directores) el gremio es una minoría notoria ante 4 representantes del gobierno, 1 de exhibidores, 1 de distribuidores y 1 de las regiones. Nos parece lógico que al tener productores y directores, se les debería dar cabida a los guionistas y a los técnicos, involucrando directamente a los 4 sectores fundamentales del cine. También nos parece que al tener 2 asesores para el Ministro de Cultura lo único que se está haciendo es burocratizando aún más el proceso y que uno por lo menos está sobrando.

DINAMIZAR LA PRESENTACION DE PROYECTOS

Cada día se vuelve más importante la presentación de proyectos cinematográficos con planes de financiación concretos, que sirvan de guía para posibles inversionistas y no simplemente una recopilación de documentos inútiles para llenar requisitos burocráticos. Ya se acabaron los tiempos de aquellos ilusos que creían que hacer cine era sólo para divertir a sus amigos y gastarse la plata de otros. El cine es una industria de alto riesgo que se tiene que afrontar con mucha inteligencia y sabiduría, respaldado por planes de negocios bien elaborados y factibles, especialmente ahora que la situación económica del cine colombiano está en una encrucijada y la consecución de inversionistas se vuelve cada día más difícil. La presentación para las convocatorias del FDC debe reflejar lo que se está viendo en los diferentes talleres mundiales y encuentros de productores, donde es más importante el proyecto en sí como negocio viable, el "pitch" y su factibilidad económica que todos los papeles inútiles que se han venido exigiendo hasta ahora. De cierta forma, el guión y su temática han tomado un segundo plano ante la realidad de un negocio que es mucho más complejo que lo que piensa la mayoría de las personas.

EL MERCADO COLOMBIANO ES UNO SOLO

Hasta ahora uno de los principales requisitos de las convocatorias de largometraje eran los renglones de promoción, distribución, exhibición y recuperación, donde cada concursante tenía que literalmente inventarse un marco teórico de lo que es el mercado cinematográfico colombiano. Y decimos "inventarse" porque hasta el momento no existe un estudio serio del mercado de cine en Colombia, aparte de uno realizado hace muchos años por Fedesarrollo, que se encuentra obsoleto. Hay unas pocas estadísticas que publica Propimágenes en su página, sin ninguna guía o evaluación de las cifras. Entonces, verdaderamente, cada productor se "inventa" su interpretación del mercado local a su manera, generalmente pecando de cándidos al no tener información pertinente y veraz a su alcance. Y por ende, los jurados, en su mayoría extranjeros o colombianos que viven en el extranjero, no saben cómo interpretar el mundo económico que cada uno de los productores les presenta como el mercado potencial de sus producciones. Entonces para cada jurado cada proyecto es un mundo económico diferente, de acuerdo a las cifras equivocadas o medianamente acertadas que cada productor ha recopilado a su manera. Dentro de este marasmo de cifras, la mayoría de los jurados prefieren más bien hacer caso omiso de las cifras y solamente centrarse en sus gustos personales del tema de cada guión y dejan la parte económica a la deriva.

Nos parece que este requerimiento se debe obviar y reemplazarlo con un estudio serio realizado con las cifras exactas de los últimos años basados en los datos que están en los archivos de Proimágenes. El mercado de cine colombiano es uno solo y en el caso de las convocatorias sirve más que todo para orientar a los jurados, que generalmente no manejan temas económicos y mucho menos los que tienen que ver con nuestro cine.

Dentro de este esquema ideal, de tener un buen estudio actualizado de cifras concretas y un análisis no solamente de entradas, sino de gustos del público, al productor se le puede exigir una proyección más acertada de las posibilidades reales de su proyecto dentro de este marco. Además, de esta forma los jurados tienen una perfecta visión de lo que es el cine Colombiano desde la perspectiva económica y pueden juzgar más fácilmente las diferentes propuestas y no obviar este renglón como lo han hecho en el pasado.

LOS PRESUPUESTOS CLONADOS

Desde hace años el renglón de los presupuestos en la presentación de proyectos deja mucho que desear. Todos parecen copias de otros y casi ninguno cumple las funciones que debería, como plan maestro de cualquier producción cinematográfica. En términos generales manejan unas cifras que están tan alejadas de la realidad nacional que parecen elaboradas en Disney World o en la Isla de la Fantasía. Hay un consenso generalizado, que no sabemos de dónde viene, que mientras más caro el proyecto, lo van a ver con mejores ojos los jurados o posibles inversionistas. Y la cifra mágica de los 2.000 millones de pesos por proyecto es como un imán para todo productor novel que quiere hacer su primera película. Bueno, pero cada cual con su ilusión, en la realidad un presupuesto tiene que ser un fiel reflejo del producto que se va a filmar y no hay dos parecidos. Cada película tiene su costo adecuado y es una lástima que en lugar de ser una pieza clave de cualquier proyecto, ayudando en su financiación, se vuelve una vil copia de otras, en la mayoría de los casos por desconocimiento, por falta de experiencia o por demasiadas pretensiones al abordar una aventura tan riesgosa como es la de producir una película bajo las circunstancias actuales.

Sea la razón que sea, el presupuesto en la mayoría de los casos es un elemento dentro de la presentación de los proyectos que no se toma muy en serio por los jurados. En algunos casos por desconocimiento del jurado en temas de esa índole o por confrontarse con cifras que no van de acuerdo con el tema o el guión que está evaluando en ese momento. Por experiencia propia, sabemos muy bien que la mayoría de los jurados escogidos para valorar proyectos de largometraje no tienen mucha experiencia en costos de producción, en temas económicos y, para colmo de males, poco les interesa o no saben valorar su importancia en la realización de una película. Para ellos el guión es primordial y sus gustos personales priman sobre cualquier valoración que se salga de esa visión exclusivista. Por eso queremos proponer una idea que hemos tenido desde que se comenzaron a manejar las convocatorias en el año 2004.

Hoy en día el manejo económico de una propuesta cinematográfica es tan importante y en muchos casos más importante que el tema mismo. No se puede ignorar como se ha venido haciendo. De las películas escogidas el año pasado (el 2008), la gran mayoría están cerca a los 2.000 millones de pesos y algunas sobrepasan el tope. Uno se pregunta si los jurados están consientes de la realidad colombiana actual donde aun la película nacional más taquillera del momento no va a tener más de 300.000 espectadores, como lo hizo recientemente El Arriero, que según sus productores costó cerca de los 2 millones de dólares. ¿Se justifica invertir esa cantidad de dinero en un producto que no va a generar más del 15% de retorno en su país de origen? ¿Están disparados los costos, los presupuestos o no se conoce bien los vaivenes de un mercado que va en un descenso peligroso? ¿Estamos ignorando uno de los puntos más importantes al evaluar un proyecto?

Consideramos que el costo y la viabilidad económica de una película es tan importante y a veces mucho más que su propio tema principal. Se le debería dar un tratamiento especial para facilitarles la decisión final a los jurados antes de tomar una determinación basada solamente en el tema. Se puede crear un segundo jurado de apoyo, especialista en temas económicos y manejo de presupuestos, con experiencia en producción, que puede estudiar la parte de las cifras y generar unas evaluaciones objetivas de cada proyecto. Este jurado no va a tener ninguna incidencia sobre la decisión final de premiar tal y cual proyecto, pero le va a dar una guía muy precisa a los otros jurados para que sepan exactamente los peligros en que pueden caer ciertos proyectos que no están bien estructurados en esa parte. Ya hemos hecho la experiencia antes y funcionó perfectamente. Sólo se necesita implementarlo de verdad y no como un experimento casual.

EMPEZAR A VALORAR LA EXPERIENCIA

Al no tener pautas fijas, algún tipo de escalafón o unas directrices para los jurados, se están escogiendo proyectos solamente basados en su tema y no se está teniendo en cuenta la experiencia o veteranía de sus realizadores, elemento fundamental en la continuidad de ciertos estilos en la cinematografía nacional.

Sería interesante separar los proyectos en aquellos que son "opera prima" o primera película de sus realizadores, otra para los que ya han hecho una película y una tercera para los que han hecho más de una o dos películas. De esta forma los jurados tendrían unas bases más sólidas para escoger y valorar a quién van a premiar y quiénes son los que más garantías presentan.

PREMIO DEVUELTO TRAE SUS CONSECUENCIAS

Es muy triste ver con el gran entusiasmo que algunos o casi todos los productores se presentan a las convocatorias y al final son rechazados por reglas ridículas o por jurados que no leyeron bien sus propuestas y escogen por gustos personales. Un caso insólito es el de una película de la convocatoria del 2005 que devolvió la plata porque su productor consideraba que no se encontraba preparado para el reto o porque no fue capaz de conseguir la financiación. La razón nunca la sabremos porque los señores de Proimágenes jamás publican este tipo de casos, como si fuera un mal contagioso. Sin embargo, este mismo proyecto se volvió a presentar en el 2008 y volvió a salir ganador. Nos hacemos dos preguntas sobre este caso, ¿Es justo con los otros concursantes aceptar un proyecto que fue devuelto por incapacidad de producción? ¿Sabían este caso anómalo los jurados al seleccionarlo como ganador otra vez en el 2008?

Ante lo anterior, queremos sugerir en este renglón que proyecto que se presente y se devuelva, no puede volver a concursar. Es apenas lógico y respetuoso con la seriedad y dedicación que los otros concursantes han demostrado. Esto no es un juego para muchachitos con juguete nuevo. Y, así como se hace en los reinados de belleza, deberían existir proyectos no ganadores, pero con Mención de Honor, uno y dos, para entrar a reemplazar proyecto que se retire. La razón de esto es que esa plata, que le puede servir mucho a esos proyectos meritorios pero no ganadores, no se pierda, así como ya ha sucedido varias veces antes.

¿ESTA BIEN REPARTIDA LA TORTA?

La Ley fue montada desde un inicio para insentivar la producción de largometrajes y de hecho casi el 70% del dinero que se está cobrando se destina a este rubro y las arandelas de cortos, documentales, jurados, etc. El 10% se va en gastos de funcionamiento de Proimágenes y el 20% restante cubre generación de públicos, formación profesional, visitas a festivales de cine, apoyos al Patrimonio Fílmico y otra serie de gastos relacionados con los diferentes frentes del cine.

Ahora, con los problemas económicos de los largometrajes y la sobre-abundancia de producto, nos parece importante revisar un punto que ha quedado prácticamente en el olvido. El premio de producción, que ahora es más o menos $280 millones para la etapa de rodaje y $120 para posproducción, para un total de $400 millones, generalmente repartido entre ocho proyectos, se debería evaluar seriamente. Una idea puede ser menos proyectos, un incentivo más grande, mejor seleccionados, que tengan buenas posibilidades de no solamente realización, sino de taquilla también. Proyectos de poco público, demasiado artísticos, pero con valores que no se pueden negar, tendrían su cabida, pero bajo esquemas de producción mucho más reducidos y sin los presupuestos de 2.000 millones de pesos al que aspiran casi todos. En fin, se debería dar más libertad en la escogencia y no limitarse sólo a los gustos particulares de unos jurados que están bastante alejados de los gustos del público normal y corriente.

Al arrancar a funcionar la Ley en el año 2004, se tomó una decisión muy sabia y fue la de en un inicio apoyar todas esas películas que estaban filmadas, en diferentes etapas de terminación, y de cierta forma estaban practicamente estancadas por falta de plata. Con esa decisión se logró darle el empuje final a cintas como Sumas y Restas, La Sombra del Caminante, El Rey, Perder es Cuestión de Método, Violeta No Está Muerta, Malamor, Sin Amparo, El Colombian Dream, La Historia del Baúl Rosado, entre otras. Sin embargo, desde ese momento hasta ahora ese apoyo a películas que no han tenido la suerte de ganarse el premio de producción, se han visto abocadas a luchar por uno de los dos premios anuales de $120 millones de posproducción, que han tenido años tan desafortunados como el del 2008 donde escogieron dos documentales por encima de varias obras de ficción, que merecían el premio mucho más. Este hecho es doblemente doloroso teniendo en cuenta que uno de los documentales ya había recibido dineros de la Comisión Nacional de Televisión, que se supone sólo debería apoyar proyectos de televisión y a su vez el FDC sólo debería tener en cuenta trabajos cinematográficos.

En nuestro entender es mucho más valioso un trabajo realizado directamente para cine, utilizando dineros propios o de terceros, pero sin ningún apoyo inicial de la Ley de Cine. Ese es un gran esfuerzo, que no depende de la tómbola de la suerte que son las convocatorias del FDC, que no son simples proyectos escritos, sino que están hechos sin agüero, con talento, dedicación, mística y muchísimo riesgo desde la parte económica, así como se hacía cine en este país antes de que existiera Focine, La Ley de Cine o Ibermedia. Y nos parece que este esfuerzo titánico de unos cuantos no se está valorando para nada y el premio de posproducción sigue siendo una lotería. Nos parece que este renglón se debería ampliar a $150 o $200 millones por proyecto y que quede como un estímulo automático, dependiendo de la decisión de un pequeño comité donde debería estar un distribuidor, un exhibidor y un publicista, que son los únicos que verdaderamente saben si una película es lo suficientemente buena para recibir el premio y verse en pantalla. Ya los jurados del FDC han demostrado su mediocridad en ese sentido con sus escogencias en las últimas convocatorias. Es muy diferente mostrar una película ya filmada y editada que un proyecto en papel y sin ninguna garantía de resultado. Este año se presentaron 15 proyectos, que significa que este renglón del proceso cinematográfico nacional no se está atendiendo debidamente por la Ley y los encargados de manejar su destino.

SIGUE EL DILEMA ENTRE 35mm, 16mm y DIGITAL

Uno pensaría que el viejo tema de la pelea entre lo digital y el cine ya se había terminado, pero en las convocatorias de este año apareció un engendro que nos pareció una buena idea inicial, pero posiblemente mal desarrollada. Creemos que no es ningún misterio que la mayoría de las películas que se están haciendo o planeando hacer en Colombia van a ser hechas totalmente en digital. Se habla más de Red, CineAlta, Varicam, HD, terabytes, velocidad de transmisión, etc., que de Arriflex, emulsiones, laboratorios, película virgen, etc. Aparecer con un premio de $200 millones por filmar en digital hoy en día es tan absurdo y fuera de tiempo, que ni siquiera aguanta escrutinio. Los 14 productores que se presentaron este año no se dieron cuenta que las exigencias de terminación eran casi idénticas a las de la convocatoria normal de largometrajes, pero con el gran inconveniente de solamente recibir un 50% del premio. A la larga, este estímulo no sirve sino para esos que quieren filmar una peliculita de muy bajos recursos y pasarla en el videobeam de la escuela de su pueblo.

LOS JURADOS DEBEN ESTAR MAS INFORMADOS

Desde un inicio se decidió dejarle a los jurados mucha libertad en su escogencia, pero la experiencia nos ha enseñado que un jurado bien informado puede tener mejores decisiones a la hora de la verdad. Si se les ayuda al presentarles un panorama del negocio cinematográfico colombiano y se les hace una valoración sobre la parte económica de cada uno de los proyectos, el jurado puede tener mejores herramientas para escoger proyectos viables y económicamente más confiables. Y si, además, se separan los diferentes proyectos por experiencia de sus realizadores, va a ser mucho más fácil la escogencia final.

REGLAS MAS FIRMES PARA LOS JURADOS

En los últimos años se ha visto lo que podríamos llamar "un relajamiento" de los jurados ante las reglas estipuladas en las Convocatorias. En algunos casos han llegado a escoger 11 películas en lugar de las 8 reglamentarias, causándoles grandes perjuicios a otros ganadores que han visto su premio mermado para darle cabida a caprichos del jurado. Ha sido tan anormal esta situación, que en un caso le dieron un premio pequeño a un proyecto dizque para "desarrollo" del tema, que les pareció interesante, totalmente burlando las reglas del concurso. Esto es un absurdo y no tiene nada qué ver con el trabajo que tenían entre manos. En otra ocasión, escogieron dos documentales para recibir los únicos dos premios de postproducción, dejando por fuera las películas de ficción, porque a los jurados personalmente les gustaba más los documentales que las películas de ficción. Qué desatino tan grande! Qué mal escogidos los jurados, que deberían ser imparciales y objetivos en sus gustos. Y, lo peor de todo, nadie se quejó.

UN COLOMBIANO RESIDENTE EN COLOMBIA PARA LOS JURADOS

Nadie puede discutir la necesidad de un profesional del medio del país donde se está llevando a cabo una convocatoria como las del FDC. La visión nacional es fundamental para balancear un jurado compuesto básicamente por extranjeros que conocen muy poco de Colombia y su idiosincrasia. Para "lavarse las manos" de esta necesidad, los señores de Proimágenes generalmente contratan colombianos que han vivido por muchísimos años fuera del país y conocen menos de nuestras costumbres y de la industria local que los otros extranjeros.

EVALUACION DE LOS JURADOS

Un tema latente entre los productores que se han presentado a las convocatorias del FDC, especialmente aquellos que no han sido favorecidos con ningún premio, es el mal sabor de no saber por qué su proyecto fue rechazado. Además, siempre queda la duda si efectivamente su proyecto fue leído así sea por uno o dos de los jurados, ya que el sistema de relevos impera ahora para aligerarles la carga a los jurados y repartir la carga entre varios. Una forma de evitar esta suspicacia justificada sería la de exigirles una evaluación breve de cada una de las obras revisadas hecha por cada uno de los jurados, así como se hace con las Becas del Ministerio de Cultura. De esta forma se le daría transparencia a un proceso que no está muy claro y deja muchas dudas.

CONCLUSION

A pesar del encabezado, aun quedan muchas incógnitas por resolver. Primero que todo, en este momento no se sabe quiénes van a quedar en el nuevo Consejo de Cinematografía y si los productores y directores van a terminar siendo representados, como siempre, por gente nueva, sin mucha experiencia en el medio, alejados de la producción profesional o ex-empleados del Ministerio de Cultura, vamos a seguir cojeando y sin cambios en las políticas de un sistema que tiene problemas evidentes.

Hemos tratado de plasmar en este artículo algunas de nuestras inquietudes, basadas en experiencias propias y de otros, de las pocas estadísticas que los señores de Proimágenes nos dejan ver, y de lo que se habla a "sotto voce" en los pasillos, los estudios y los sets de filmación. Sólo esperamos que las cosas empiecen a cambiar y que nuestros colegas abran bien los ojos...

 

COMENTARIOS DE NUESTROS LECTORES:

Noviembre 13, 2009
Nombre:  luka echavarria
Correo Electrónico: lukaechavarria@hotmail.com

Uno de los documentales que ganó arbitrariamente el premio se lo dieron al teatrero Sandro Romero, ¿quién hacia parte del jurado? Maria Vasquez su intima amiga.

Peto restrepo ganó premio con su pelicula, ¿quién era el jurado? Alberto Quiroga su intimo amigo y amante de la Claudia Triana, y en el fondo ella es la responsable de todo este triste panorama del cine, hasta que esa señora no se retire de proimagenes, aqui nada va cambiar

 

Octubre 7, 2009
Nombre: Juan Falla
Correo Electrónico: juan.falla@gmail.com


Me pareció un artículo espectacular. Objetivo, con cifras reales, sin pelos en la lengua...

Este verano estuve en Bogotá, y me impresionó el saber que allá una película de 500 mil dolares es considerada "de bajo presupuesto". Esto, según varios productores con los que tuve la oportunidad de hablar.

 Definitivamente, hay algo MUY MAL. Es el colmo que en Colombia "hacer cine" sea tan costoso.

 

Septiembre 16, 2009
Nombre:  César Rodríguez.
Correo Electrónico: Naganta@gmail.com

Una consecuencia grande es el apoyo y la creencia de lo que hacemos. Siempre estamos comparandonos con otras industrias en lugar de ponerle mas atención a lo nuestro. Ejemplo  los  exibidores de pelicuas exiben más peliculas de otros paises que colombianas. Por otro lado creo que nesecitamos  mostrar algo diferente que no sea  drogas y guerrilla. En este pais  existe una cultura diversa y  hemosa que podemos plasmar  en el cine.

gracias por  este Espacio.

Atentamente, César Rodríguez.

 


Septiembre 16, 2009
Nombre:  Guadalupe Cañas

Es cierto que frente a la existencia de convocatorias todos queremos participar, movidos por el deseo de ganar un premio. Fue muy importante saber a través de este artículo, de donde sale el dinero y creo que quienes participan deben tener en cuenta que lejos de ser un premio, es solamente un derecho ganado para realizar un trabajo con calidad, utilizando fondos para los cuales todos hemos aportado.

Por otro lado, ¿sabrán quienes eligen, el costo monetario y en términos de trabajo aplicado en los que incurre un participante?  Todos los que hemos concursado, sentimos que no es valorado, sobretodo cuando los requisitos son en algunos casos absurdos y por otro lado, posterior a la selección de los proyectos favorecidos, no se recibe una explicación o nota con las razones por las cuales no fue seleccionado. Casos como el relatado en el artículo, donde se da más valor a chismes que a quienes participan y a un proyecto, hace inoperante un sistema que lejos de ser transparente, se vuelve el verdugo de quienes son objeto de injusticias y tratos desiguales.  

Es cierto que existen dos puntos que deben tenerse en cuenta, las bases para concursar, las cuales son más de carácter formal y en segundo lugar, el proceso de selección de proyectos favorecidos con el estímulo.  Sería excelente la retroalimentación a través del conocimiento de los criterios de selección, para fortalecer y mejorar un trabajo en el que creemos como participantes y dado que la Ley de cine tiene como fin fortalecer la actividad cinematográfica, no se entiende como no se socializan los resultados y las calificaciones que dan los jurados elegidos, a cada uno de los proyectos.

Mis preguntas son, ¿es que los jurados trabajan ad hoc, nos hacen un favor? o son pagados algunos honorarios por su labor? Sea cual fuere la respuesta, debe haber un trabajo que se pueda mostrar y un resultado para todos y cada uno de los proyectos.  Todos tenemos el derecho de saber quién estudió nuestro trabajo y las razones por las cuales no fue favorecido.  Esto si que fortalecería la industria.

 


Septiembre 16, 2009
Nombre: Gonzalo Perdomo
Correo electrónico: gonza378@hotmail.com

Después de leer con detenimiento el artículo me surgen algunos interrogantes, que quisiera plasmar, con el fin de aclarar una serie de posiciones que observo se dan como si fueran recetas, para dirigir el devenir de nuestra naciente industria cinematográfica.

En términos generales, toda sociedad tiene cultura y su práctica depende de las personas que se interrelacionan, lo que implica que todos y cada uno de nosotros en nuestras actividades somos sujetos culturales y como tales debemos tomar responsabilidad sobre el desarrollo de nuestra actividad.

Es triste que permitamos que una actividad como el cine, para todos quienes creemos en él, deje de ser una empresa personal y se convierta en una decisión institucional.  El desarrollo de la actividad cinematográfica ha dejado de ser para muchos una realización de índole personal, para convertirse en responsabilidad de otros.  ¿A quién quejarse cuando sustituimos de manera cómoda nuestros deseos internos por la visión general, de quienes no nos conocen y deciden sobre nuestros propios deseos? Creo que esta es la manera más fácil de quejarse cuando no existe rigurosidad en el trabajo y así cobijarse en las instituciones, para cubrir la ineficiencia privada y la falta de compromiso individual.

Mientras mantengamos esa postura mediocre y facilista, dejando en manos del Estado y de cada uno de sus funcionarios la toma de decisiones sobre que y como hacerse, anularemos la iniciativa privada, no va a existir ninguna industria y más, cuando creemos que una Ley por sí misma hará el trabajo que debemos realizar como empresarios.

 


Septiembre 15, 2009
Nombre:  Ricardo Islas (Chicago, USA)
Correo Electrónico: night_fangs2004@yahoo.com

Muy buen artículo, estimado.

El problema que veo en Colombia se ha visto en muchos países latinoamericanos cuando sus respectivas leyes de cine se han promulgado. Y mucho antes de que este problema se viera en America, se vio y se sigue viendo en Europa. Yo he estado en reuniones de productores en Europa Oriental, donde se escuchan cosas tales como: A quién le importa si la gente nos ve o no? Mejor si sí, pero si no da igual... España por ejemplo, está llena de películas que cuestan cientos de miles de dólares y que ni siquiera se llegan a estrenar... y todo con plata dulce de las convocatorias y demás... No creo que este problema se vaya a solucionar institucionalmente. Después de todo, el gobierno puede decir: cumplí con favorecer las artes, qué más quieren? y en cierta forma tienen razón. Tampoco lo van a solucionar los cineastas. Porque el artista, desde la época de los mecenas y antes también, sólo quieren que les den fondos para seguir creando. No son hombres de negocios. La única forma de establecer una industria cinematográfica, en Colombia o donde sea, es que, al igual que pasó en EEUU a principios del siglo 20, un montón de empresarios, gente de negocios, gente de números, decida echarle mano al asunto con un criterio empresarial desde el vamos. Si se lo emprende como negocio, funcionará como (o no...) como negocio. Ni los gobiernos por un lado, ni los artistas por otro, van a lograr lo que sólo un vendedor nato puede.

Esa es mi humilde opinión...


Septiembre 15, 2009
Nombre:  IVAN HARTMANN
Correo Electrónico:
ivanchohartmann@hotmail.com.co

 

SI BIEN ES CIERTO QUE EL FUNDAMENTAR EL ARTICULO EN CIFRAS Y DATOS ESPECIFICOS LO HACE INTERESANTE, Y EN CIERTOS MOMENTOS ES DE VALORAR LA INTENCION DE OPINION EN CUANTO A ASUNTOS QUE GENERAN FALENCIAS PARA LOGRAR UNA VERDADERA INDUSTRIA, PIENSO QUE POR MOMENTOS PARECERIA UN JUICIO PARTICULAR EXCLUYENTE GENERANDO UNA ANTITESIS CON LO EXPUESTO Y TAL VEZ RESENTIDO

EN CUANTO A QUE NO SE TENGA EN CUENTA LA EXPERIENCIA Y EL PROFESIONALISMO, O QUE NO DEBERIA ABRIRSELE LAS PUERTAS A GENTE JOVEN Y SIN EXPERIENCIA, O QUE EN LA MAYORIA DE PAISES SE RESPETA LA IDONEIDA Y EXPERIENCIA, O NO TENER EN CUENTA LA EXPERIENCIA O VETERANIA DE SUS REALIZADORES QUE YA HAN HECHO UNA O MAS PELICULAS Y QUE DEBERIAN CONTAR COMO CATEGORIA, O EXALTAR A LOS QUE PRESENTEN MAS GARANTIAS APOYADOS EN SU EXPERIENCIA.

ME PARECE QUE PRIMERO AL PLANTEAMIENTO DEL CINE COMO INDUSTRIA SE LE DEBE DAR SU LUGAR ADMITIENDO NUEVAS NARRATIVAS, LENGUAJE CONTEMPORANEO QUE FINALMENTE SERIAN LOS QUE GENERAN IMPACTO, GUSTO, DIVERSION POR PARTE DEL ESPECTADOR Y NO LENGUAJES GASTADOS DE INDIVIDUOS QUE EN MAS DE UN INTENTO SIN EXITO LO QUE HAN HECHO ES DISMINUIR LA CALIDAD DE NUESTRO CINE, HASTA CONSIDERARSE LAS VACAS GORDAS GERIATRICAS DEL CINE Y TODOS LO SABEMOS, AYUDANDO A QUE PAISES LATINOMAMERICANOS INCURSIONEN EN OTROS MERCADOS CON SU CINE GRACIAS A GENTE JOVEN SIN MAÑAS Y NOSOTROS SIGAMOS TENIENDO LAS MISMAS PRODUCCIONES DE MEDIOPELO Y SIN SALIDA REALIZADAS POR ANCIANOS QUE CREEN QUE DESCUBRIERON EL ELIXIR DE LA VIDA ETERNA.


 

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