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Manual Para
Hacer Cine en Colombia o Cómo sobrevivir las
convocatorias del Fondo Cinematográfico (FDC)
y no quebrarse en el intento
Por
Julio Luzardo
Es con
cierto pesimismo que abrimos este artículo/guía para hacer cine en
Colombia debido a muchos factores en un mercado que cambia día-a-dia.
La base principal del artículo lo escribimos hace más de cuatro años, antes de que empezara el "boom" del
cine nacional, que le ha dado un vuelco total a la hechura de cine en
el país y ha dejado muchas incógnitas. En los años 2005 y 2006, el
cine colombiano pudo volver a ver taquillas
de más de un millón de espectadores, como en los buenos tiempos de
Gustavo Nieto Roa y sus películas con el "gordo" Benjumea. En cada uno
de esos años, el cine colombiano lideró la taquilla y se pensó que el
cine en Colombia al fin podía ser una industria rentable. De hecho, un
estudio de Fedesarrollo de hace algunos años anotaba que el día en que
se produjeran unas doce películas en Colombia, ese día se podía decir
que la "industria de cine" ya tenía una base firme en el país. Sin embargo,
la dura realidad nos bajó de esa "nube fantasiosa" rápidamente y en el 2008, con un
record de 13 películas estrenadas en el año (Record
de películas colombianas), el cine colombiano
volvió a ser más o menos el mismo de siempre, con un buen éxito (Paraíso
Travel), un mediano éxito (Perro Come Perro), el
éxito de siempre (Ni te Cases ni te Embarques de Dago
García), y diez
desastres económicos que da pena recordar. Ahora, en el primer
semestre del 2010 con 5 estrenos (más o menos el 5% de las películas
estrenadas), el cine colombiano no logró sino el 2% de la taquilla;
suma que era normal antes de la Ley de Cine. Y aunque le duela a muchos de
nuestros nuevos cinematografistas,
el público va a ver películas que le gustan, que llenan sus
expectativas y no por su nacionalidad, por factura técnica o por simple chauvinismo.
En las vacaciones de fin de año del 2007/2008 Colombia volvió a liderar las
taquillas con dos películas totalmente diferentes, Muertos de
Susto de Dago García y Paraíso Travel de Simón
Brand, que barrieron con la competencia de Hollywood y despejaron el
campo para hacer pronósticos alegres sobre el feliz futuro de nuestro
cine. Sin embargo, la
dicha no duró mucho y a pesar de que la película Perro Come Perro
tuvo una cierta afluencia de público, las otras estrenadas en el año y
en el 2009 han sido francamente decepcionantes. Y, para colmo de males, hay una "cola" larga de películas colombianas que
están en copia final, por terminar o rodando, que tampoco van a
tener mucha suerte con el gusto del público y solo unas pocas van a
triunfar, a medias. Aquí
no intentaremos calificar o dar un camino hacía la "fórmula perfecta"
del éxito, que además no existe, sino de servir como advertencia de
que "todo lo que brilla no es oro" en el cine nacional, que los
premios son excelentes estímulos desde el punto de vista de
semilleros para empezar producciones, pero a veces son camisas de fuerza que de
ninguna manera garantizan el éxito comercial y que, al fin y al cabo, la
industria del cine aquí en Colombia, como en cualquier parte del mundo, depende de
"olfato", talento, experiencia, sentido común y una sobredosis
increíble de buena
suerte.
Con estas
noticias tan preocupantes nos entra la duda de si es factible hacer cine o no. La cruda realidad es que se debe estudiar seriamente si
es rentable
invertirle a un proyecto no solamente una suma sustancial de dinero,
sino varios años de vida para luego cosechar pérdidas y desengaños.
Uno de los fracasos más grandes de los últimos años es la película
La Milagrosa, que según sus productores costó más o menos $2 millones de
dólares en su sola realización. Lanzarla significó otra cuantiosa suma en
copias para lograr el mayor cubrimiento de distribución posible, una campaña costosa en los
paraderos de bus, aparte del costo indispensable de avisos de prensa y
cuñas radiales, un porcentaje de la taquilla para RCN Cine que
colaboró con buena presencia en televisión y sus programas de
farándula y otros gastos normales del mercadeo cinematográfico. Sin
embargo, los 170.000 espectadores que logró captar en su exhibición, no fueron suficientes para pagar por las copias
y el "lanzamiento
publicitario". Casi el total del costo de producción va a pérdida total. Las
razones del fracaso son muchas y estudiaremos varias de ellas aquí.
Nada es perfecto o seguro en la vida, y muchísimo menos en el cine,
pero podemos hacer todo lo posible para aminorar estos riesgos tan
grandes al tomar en cuenta algunas variables y aprovechar la experiencia adquirida
por otras producciones nacionales.
Los premios, ¿una bendición o una
maldición?
Una cosa es ganarse una lotería donde
la inversión es ínfima, las posibilidades remotas y la ganancia
abrumadora. En las convocatorias de cine estas condiciones son al
revés: la inversión en tiempo y esfuerzo es gigantesco, las posibilidades son
razonables, y
la supuesta ganancia no es sino una pequeña llave de entrada a participar en
una de las loterías más inciertas del mundo: la realización de una
película! Descontando las convocatorias de documentales y cortos
donde se recibe una cifra más o menos adecuada para la realización de un proyecto
en su totalidad y no se exige nada en contraprestación, en los de
largometraje las cifras que se entregan son apenas una pequeña
semilla para arrancar un proyecto, pero a la vez exigen bajo contrato la terminación del
proyecto total con todos sus costos y arandelas en un tiempo límite, tarea que para muchos se puede
volver peor que una maldición gitana.
Si un productor tiene un excelente
proyecto y además tiene una suerte privilegiada como para salir
favorecido en todas las convocatorias, sus posibilidades máximas son las siguientes:
Guión en desarrollo 15'000.000
Realización 270'000.000
Posproducción 120'000.000
Promoción (automático) 120'000.000
TOTAL : $ 525'000.000
Con esta plata un productor puede
financiar aproximadamente el 40% del costo de una película de
presupuesto mediano. Tendría que conseguir más o menos $855 millones
adicionales para
terminar la película. Sin embargo, tiene a la mano tres posibilidades
de financiación:
-
Ganarse un premio de $80
a $180 mil
dólares de Ibermedia, que representarían más o menos unos $180 a
$405 millones de pesos a buen cambio de hoy, pero hay que tener
en cuenta que una película colombiana se está ganando un premio
de estos (o de menos en algunos casos) solamente una o dos veces al año
contra propuestas excelentes de todo Iberoamérica, que hace que
la competencia no sea nada fácil especialmente ahora con
tanto proyecto bueno haciendo cola. Y este "premio", a
diferencia de los del FDC, SI se tiene que devolver,
generalmente con los primeros dineros que entren a taquilla de la
película y se le exige contar con uno o dos coproductores de otros
países latinoamericanos para calificar y a la vez repartir cualquier
ganancia.
-
Sacar un préstamo bancario normal
de unos $300 millones con todas las arandelas de hipotecada de
casa, carro, perro, niños, etc.
-
Conseguir el resto
de la financiación de la empresa privada que quiera acogerse a los
beneficios tributarios que brinda la Ley 814 en estos casos: Sin
embargo, es bueno estudiar bien este beneficio porque hasta ahora no
es que tengamos una sobreabundancia de empresas peleándose para
volverse financistas de un negocio que no pinta tan bien como uno
quisiera y ya hay regados por el camino muchos inversionistas
"chamuscados" en otras películas que no fueron muy afortunadas al
momento de repartir utilidades.
Aún contando con
toda la buena suerte del mundo, a nuestro "afortunado" productor le
quedaría por financiar entre $100 a $350 millones de pesos, o más, que
no se consiguen así de fácil y que el ingenuo productor casi siempre
termina colocando de su propia plata, préstamos personales o vendiendo
parte de su patrimonio familiar o personal.
Para aprender más sobre aquellos
productores a los que un premio se les volvió un dolor de cabeza es
casi obligatorio leer o releer detenidamente el artículo
Mi Ultimo Soplo
de
Luis Ospina sobre sus peripecias para realizar Soplo de Vida
y tener en cuenta casos como Juana Tenía el Pelo de Oro
de Pacho Bottía que se demoró casi una década para llegar a las
pantallas de cine después de
ganarse un premio de Colcultura en el siglo pasado, el caso de La
Deuda, para la cual su nombre fue una triste premonición, o los casos de películas como La Primera Noche, El
Rey, Sumas y Restas, que llegaron a las pantallas con la
lengua afuera después del esfuerzo tan tenaz para lograr terminarlas o otras como La Historia
del Baúl Rosado que se debería llamar
La interminable
historia de
cómo financiar una película con premios durante 7
laaaaaaaaargos años!!
La triste realidad
del cine nacional es que, a pesar de buenas taquillas para algunas
producciones, casi todas las películas colombianas pierden
plata y nunca logran cubrir sus costos de producción. Por eso es que
fuera del caso excepcional de Dago García, que cuenta con el respaldo
de Caracol, no hay una producción continuada de películas en el país.
El mito de la taquilla
Antes de empezar a creer totalmente en la
veracidad de estudios económicos o estadísticas sueltas sobre películas colombianas como
los de Fedesarrollo y del Ministerio de Cultura, es bueno tener en
cuenta algunos datos más aterrizados sobre la realidad de nuestra
cinematografía.
Primero que todo, las películas más taquilleras del
cine Colombiano han sido:
|
La Estrategia del Caracol |
1.500.000 |
Espectadores |
1994 |
|
El Taxista Millonario |
1.500.000 |
Espectadores |
1979 |
|
El Inmigrante Latino |
1.300.000 |
Espectadores |
1980 |
|
Esposos en Vacaciones |
1.250.000 |
Espectadores |
1976 |
|
Soñar No Cuesta Nada |
1.198.172 |
Espectadores |
2006 |
|
El Niño y el Papa |
1.100.000 |
Espectadores |
1986 |
|
Rosario Tijeras |
1.053.030 |
Espectadores |
2005 |
|
Padre por Accidente |
1.012.000 |
Espectadores |
1981 |
|
Tiempo Para Amar |
1.000.000 |
Espectadores |
1980 |
Que, a la vez, se equilibran con las
menos taquilleras:
|
El Sueño del Paraíso |
7.500 |
Espectadores |
2007 |
|
El Esmeraldero |
6.000 |
Espectadores |
2004 |
|
Los Archivos Privados de Pablo Escobar |
5.500 |
Espectadores |
2004 |
|
Bolívar, el Héroe |
5.400 |
Espectadores |
2003 |
|
Hábitos Sucios |
5.000 |
Espectadores |
2003 |
|
Malamor |
5.000 |
Espectadores |
2004 |
|
Terminal |
5.000 |
Espectadores |
2000 |
|
Bogotá 2016 |
5.000 |
Espectadores |
2001 |
|
After Party |
5.000 |
Espectadores |
2002 |
|
Juana Tenía el Pelo de Oro |
4.540 |
Espectadores |
2007 |
|
El Día Que Me Quieras |
4.000 |
Espectadores |
1992 |
|
Siniestro |
3.000 |
Espectadores |
2002 |
|
Sin Amparo |
2.075 |
Espectadores |
2005 |
|
La Mágica Aventura de Oscar |
2.000 |
Espectadores |
2004 |
|
El Intruso |
2.000 |
Espectadores |
2001 |
|
Bajo la Tierra |
1.600 |
Espectadores |
1967 |
|
La Desazón Suprema |
1.000 |
Espectadores |
2003 |
|
El Palenque de San Basilio |
1.000 |
Espectadores |
2003 |
|
La Muerte es un Buen Negocio |
1.000 |
Espectadores |
1981 |
A pesar de las excelentes taquillas de Soñar
No Cuesta Nada, Rosario Tijeras y Paraíso
Travel, el promedio de las "buenas" taquillas reside entre 350 y
450 mil espectadores para aquellas que están bien respaldadas por
extensas y supremamente costosas campañas publicitarias, generalmente
financiadas (a cambio de jugosos porcentajes de la taquilla) por
Caracol o RCN Televisión. Pero las taquillas normales son entre 20 a
140 mil espectadores, aún en los mejores casos, que ni siquiera
alcanzan a cubrir los costos de copias y lanzamiento publicitario. Hacer proyecciones
alegres sobre mayores ingresos es seguir dando pasos en falso.
Del precio normal de una boleta se
puede calcular que más o menos le quedan entre $2,000 y $2,500 por
espectador al
productor colombiano después de descontar el porcentaje del
exhibidor, del distribuidor y el 5% que tiene que contribuir al Fondo
de Cinematografía. De esta forma, se necesitarían más o menos unos 560
mil espectadores para recobrar la inversión de $1'400 millones que
-como dijimos anteriormente- es mucho más que el promedio normal de
entradas a una
buena película colombiana "taquillera". De las 13 películas
estrenadas en el 2008, sólo Paraíso Travel logró una
cifra por encima de los 800.000 espectadores y el resto no lograron ni
siquiera llegar a los 300.000.
Los míticos casos de las grandes ganancias del
productor/realizador Gustavo Nieto Roa, que en su "época dorada"
logró tener tres películas de más de 1.2 millones de espectadores c/u,
se ve opacada por las mediocres entradas de sus últimas tres: Es Mejor Ser Rico que Pobre
(1999), que obtuvo 90,000 espectadores, Un Hombre y Una Mujer con Suerte
(1992), que obtuvo 50,000 y Entre Sábanas (2008), que va
por los 67,000,
muy por debajo del millón de espectadores que esperaba su director. También está el caso del
escritor/productor Dago García que arrancó con el pie derecho al
hacer La Pena Máxima (2001) que logró opacar a la multi-millonaria Pearl Harbor, sobrepasando los 500,000
espectadores. En los siguientes dos años García repitió su éxito con
Te Busco (2002) y El Carro (2003), que
lograron más de 400,000 espectadores c/u. Sin embargo. a finales
del 2004 estrena La Esquina y la formula se derrumba al
no obtener sino 140,000 espectadores. Con esto se puede ver que los
éxitos nunca se repiten con regularidad. No existe una formula segura
para el éxito y
el cine en este campo sigue siendo no solamente un misterio, sino casi
una lotería.
El presupuesto: el factor
decisivo
Ante cifras tan desoladoras o por lo menos
desiguales como las anteriores, el
tema del presupuesto se vuelve casi tan importante como el del guión.
Ya no se puede seguir haciendo películas a la loca, sin un presupuesto
realista,
y sin un buen estudio económico para respaldar la idea inicial.
En el pasado, cuando las convocatorias
de cine estaban en manos de Focine, de Colcultura y del Ministerio de
Cultura, el renglón del presupuesto era simplemente una más de las
piezas, junto con el guión técnico, la sinopsis, el plan de
producción, etc., que apoyaban los documentos que acompañaban el
guión presentado. Hoy en día, el Fondo de Cinematografía (FDC)
tiene el compromiso de ir creando las bases firmes para una industria
cinematográfica sostenible donde los esquemas de improvisación y
falta de rigor profesional ya no tienen cabida. En el pasado se
hacían películas más por un deseo de simplemente hacer cine, de hacer
obras "de autor", sin
proyección económica a largo plazo, sin bases de financiación, con
grandes defectos de planeación, donde lo normal eran esquemas de
producción que
duraban en promedio entre los cinco a los siete años en su
realización. Obviamente una industria no se puede construir con medios
tan precarios y una de las metas del FDC es
acabar de un tajo con estos sistemas arcaicos y anti-económicos.
Por consiguiente, la
base fundamental para que un proyecto tenga buenas posibilidades de
salir adelante, de recibir estímulos del FDC, de conseguir
financiación adicional del sector empresarial y bancario, de recibir
premios de producción en el exterior, etc., se basa hoy en día en la
elaboración de un excelente presupuesto, ajustado a las realidades
económicas del país donde vivimos, a los avances tecnológicos de los
últimos años, que sirva de guía exacta para las necesidades de cada película. No se puede seguir
improvisando porque el riesgo es demasiado grande y cada fracaso se
refleja a todo nivel en el medio.
Al estudiar
detenidamente los presupuestos de la mayoría de las películas que se
han hecho en Colombia en los últimos años se nota que el presupuesto
ha sido elaborado más para cumplir con los requisitos de las
convocatorias que para servir efectivamente como un plan de trabajo en
la realización de una película. Se han visto casos tan aberrantes como
los de una película que estaba supuestamente presupuestada en unos
$400 millones de hace algunos años, que al día siguiente de recibir el
primer premio de una convocatoria por unos $250 millones, aumentó ese
mismo "presupuesto" a más de $1,000 millones, como por arte
de magia. Lo más triste de todo, es que con ese nuevo presupuesto a
los ingenuos productores se les dificultó conseguir la financiación
adicional, se gastaron casi toda la plata del premio en tratar de
conseguir nuevos socios, llegaron hasta el punto demencial de
seriamente pensar en devolver la plata del premio, pero al final
-después de varios años de esfuerzo- lograron milagrosamente hacer
la película que, irónicamente, resultó ser uno de los tantos
grandes fracasos de taquilla del cine colombiano. Lo que empieza mal,
sigue mal, y termina mal.
También están las
producciones a las que se les va toda la inversión en derroches, en
exceso de equipos, de personal, de gastos innecesarios por falta de
experiencia, etc. Y lo peor de todo, es que nada de esto se nota en la
pantalla ni es necesario para lograr una buena película, que es el fin
primordial de cualquier producción.
Más importante que un buen
matrimonio
Y, como si fuera poco, para añadir a todo este mar
de incertidumbres que es hacer cine en Colombia, se
nos presenta un problema netamente humano, a primera vista muy
sencillo, que es la precaria convivencia
entre escritores y directores y sus productores. El Consejo de
Cinematografía, ante la escasa participación de verdaderos
productores en el país, ha intentado ir creando un espacio apropiado
para ellos al exigir que todos los proyectos sean presentados por un
productor, así tenga o no experiencia en este campo.
Desafortuna-damente, en Colombia no se conoce el verdadero productor,
estilo Hollywood, que es el que tiene la experiencia, el capital o
puede conseguirlo para hacer cualquier tipo de producción. Nuestros
"productores" nacionales son los que llamamos técnicamente
"productores de campo" o "productores ejecutivos",
especialistas en conseguir locaciones, actores, en organizar equipos,
permisos, negociar descuentos, elaborar contratos, etc., etc., pero
de plata... sinceramente nada. Eso es una realidad del negocio, no una
crítica. Y mientras esta situación siga así, los improvisados
productores simplemente se encargarán de hacer todo lo que puedan
para un rodaje, manejando el dinero que puedan reunir de premios o de
inversionistas que logren convencer bajo las esperanzas de descuentos
tributarios, pero no tienen la libertad de maniobrar como lo tiene
unas empresas poderosas y bien respaldadas económicamente como, por ejemplo, RCN o Caracol
en el campo de la televisión. Por eso se
ven casos como los de algunos directores nacionales de mucho renombre
internacional, que han tenido que parar una filmación en la mitad del
rodaje por
falta de dinero o han tenido conatos de motines de los técnicos al
no poder pagarles sus sueldos a tiempo o se han peleado con su
productor por cuestiones de plata, etc. Desafortunadamente, esta es
una realidad de nuestro cine que ningún realizador nuevo o veterano
puede ignorar. Una de las fallas de continuidad del cine colombiano ha
sido la falta de empresas productoras con buenos capitales. Si hacer
cine de por sí es una labor titánica, hacerla sin plata es casi
un suicidio. Al apoyar a los productores, se busca fortalecer este
eslabón tan importante en la cadena cinematográfica. Por eso un
escritor o un escritor/director debe buscar al productor de su
proyecto con más cuidado que a una esposa porque esta unión puede
ser tan importante en su carrera cinematográfica como el matrimonio.
Y así como la mayoría de los matrimonios hoy en día terminan en
divorcio, no se puede correr ese mismo riesgo en las relaciones
productor/director/guionista porque los resultados pueden ser
catastróficos para todos los involucrados. El año pasado (2007)
tuvimos un buen ejemplo de una producción que prometía mucho, pero que
falló en este punto y este año estamos viviendo otra, que ha tenido
mucha resonancia en los medios. La perdedora siempre es la película ya
que nadie sale ganador en estas batallas inútiles y desgastantes.
La distribución y la promoción
Una de
las sorpresas más grandes para los novatos en cinematografía o
aquellos que están haciendo su primer largometraje es el alto costo de
distribuir una película y el concepto erróneo de que estos costos los
asume automáticamente el distribuidor y que no tienen nada que ver con
el costo de la película. Desde hace muchos años, todos los costos de
copias, promoción, afiches, fotos, avisos de prensa, anuncios en
televisión y prensa, vallas, etc. los asume el productor de la
película, aunque el distribuidor le adelante dinero al productor para cubrirlos
temporalmente. De hecho, los primeros dineros de taquilla los
descuenta el distribuidor para cubrir su "préstamo". Un lanzamiento
normal de una película puede ser entre $50 a $300 millones de pesos,
dependiendo del caso y el productor tiene que vigilar este punto clave
con ojo de águila para que no aparezcan gastos escondidos o sorpresas
desagradables al momento de repartir las entradas de taquilla.
Desde
que arrancó a producir Dago García en asocio con Caracol Televisión,
se empezaron a ver los excelentes resultados de las promociones
televisivas para ciertas películas y el descenso vertiginoso de la más
tradicional forma de publicitar una película antes: los periódicos.
Todas las películas que últimamente han logrado pasar la barrera de
los 400,000 espectadores, como La Pena Máxima, Te busco, Mi Abuelo,
Mi Papá y Yo, El Carro, Soñar No Cuesta Nada, Bluff, Karmma,
Satanás, Cartas del Gordo, Esto Huele Mal, Muertos de Susto y
Paraíso Travel , han tenido apoyo de los canales RCN y Caracol.
Sin embargo, hay unas, como El Colombian Dream, Dios los Junta y
ellos se Separan, Perro Come Perro, La Esquina, La Ministra Inmoral
y, en especial, El Angel del Acordeón, Te Amo Ana Elisa, La
Milagrosa y Los Actores del Conflicto, que a pesar de
contar con
un respaldo televisivo excelente, no lograron llegar ni siquiera a la
modesta cifra de los
100,000 espectadores, demostrando que la publicidad no puede hacer milagros en el
caso de películas que no son del total agrado del público. Lo que queda muy en claro es que para
llegar a esa cifra es
necesario el respaldo decidido de uno de los dos canales privados y
que el monopolio del periódico El Tiempo ya no influye para nada en la
decisión de ver una película, fuera de servir como guía de horarios y
teatros, función que rápidamente está suplantando Internet con
muchísima más eficacia y muy poco costo.
El costoso
dilema de las copias
En la
época de los grandes teatros de cine era usual hacer solo cuatro o
cinco copias de una película y rotarlas por todo el país durante uno o
dos años, utilizando mensajeros motorizados para cubrir dos o tres
salas en cada ciudad con una sola copia. Con la llegada de los cines multiplex y las salas pequeñas se vio la necesidad de ampliar el
número de copias para cubrir más pantallas en diferentes partes de la
ciudad y se eliminó el transporte motorizado de las copias. A la vez
en Estados Unidos el rey de de las películas tipo "B", Roger Corman,
empezó a hacer lanzamientos grandes de sus películas con muchísimas
copias, aprovechando la publicidad sin correr el
riesgo del dañino boca-a-boca si las cintas no respondían a las
expectativas del público. Así se fue volviendo normal la utilización
de más y más copias, llegando a cifras hasta de 120 copias en Colombia
para una película buena de Hollywood. Y como es obvio, el cine
colombiano ha tratado de imitar este proceso costoso y sin mucho
sentido porque se ha regado el mito de creer que con más copias, más
público. La realidad nos enseña lo contrario. El
público va a ver una película que le interesa y no simplemente porque
la puede ver en todas partes. Tenemos ejemplos como el de La
Vendedora de Rosas de Víctor Gaviria, que tuvo una taquilla de
630,000 espectadores con sólo 7 ó 9 copias, mientras el Angel del
Acordeón no logró sino 70,000 espectadores con 65 copias. Por otro
lado, Paraíso Travel tuvo la fortuna de ser vista por 11,625
espectadores por copia con 80 copias y Apocalipsur
no logró sino 789 espectadores por copia con 26 copias en total. Lo
importante es hacer un estudio a conciencia con el distribuidor,
escoger los sectores de la ciudad que más le conviene a la película y
de acuerdo a esta evaluación, hacer las copias necesarias, pero la
experiencia nos enseña que el país se cubre fácilmente con 35 a 40
copias, siempre y cuando la película tenga unas buenas posibilidades
de taquilla.
El formato de filmación
Una de las decisiones más importantes
antes de hacer un largometraje es la del formato a utilizar. ¿35mm?
¿16mm? ¿Digital HDV o HD? ¿DV-CAM o DVC-PRO? ¿4:3 o 16:9? Las
preguntas son muchas y existe mucha confusión y datos equivocados
sobre las respuestas correctas. El mayor error que se comete,
especialmente entre los nuevos realizadores, que no conocen muy bien las
técnicas de cine y cuyo mundo gira alrededor de la tecnología
de video digital, es que filmar en Digital es muchísimo más
económico que filmar en cine. Otro error, cometido por aquellos que
deberían saber mejor, es que filmar en 35mm es mucho más costoso que
filmar en 16mm. Desde luego que hay una diferencia entre filmar en
35mm, en 16mm y Digital, pero no es tan grande como se piensa en un
inicio. Haciendo un ejercicio donde todos los costos de producción
son idénticos, incluyendo las mismas horas de material filmado,
arrojan una diferencia de solamente un 8,68% de diferencia entre el
costo de una película filmada en 35mm y una en Digital, 5,4% entre
una de 16mm y una en Digital y sólo un 3,18% entre una de 35mm y una
de 16mm. A la larga, esta es una diferencia mínima dentro de
presupuestos que pueden oscilar entre los $1.158 y $1.480 millones de
pesos, que son las cifras normales para lograr una BUENA película
colombiana hoy en día. A la larga, las únicas ventajas que pueden
arrojar las películas realizadas en 16mm y Digital es que se puede
rodar mucho más material en la filmación sin afectar demasiado el
presupuesto final, pero esto también repercute en mayores costos y un
porcentaje aún más pequeño ante la opción de filmar en 35mm que
es, definitivamente, sin duda alguna, el formato más profesional y de
mejor calidad que se puede utilizar y el más económico a fin de
cuentas.
Cuidado con el 16mm
Durante muchísimos años se ha alimentado el mito de
que filmar en 16mm es mucho más económico que filmar en 35mm. En
algunos casos, de pronto sí. En películas de largometraje puede
significar un ahorro entre un 8% a 10% del costo total, pero no más.
En trabajos cortos, de menos de quince minutos, el ahorro es casi nulo
o insignificante. La mayor razón que muchos realizadores dan es que el
costo de la película en 35mm es mucho más que el de 16mm y que pueden
filmar más del doble por menos del 50% de costo y en eso sí tienen
razón. Una lata de 400 pies de 35mm, que solamente produce un poco más de
4 minutos, es de aproximadamente $317 dólares mientras que una lata de
400 pies de 16mm, que produce un poco más de 11 minutos, es solamente
$182 dólares. Sin embargo, existe la posibilidad de comprar película
de 35mm en Los Angeles en los sitios
de "short ends" (colas finales), que son
sobrantes de las grandes películas de Hollywood, están garantizadas y
cuestan casi un 50% del precio normal. Pero el verdadero problema
reside en la parte final de la posproducción cuando se tiene que hacer
la ampliación a 35mm para cerrar el circulo. Este proceso se hacía
antes con una técnica en el corte del negativo original que se llamaba
rollos A&B para evitar que se vieran los cortes entre plano y plano y
a la vez hacer la ampliación en copiadoras especializadas y
generalmente adecuadas con lo que llamaban "ventanilla líquida" para
aminorar rayas, suciedad y grano. Hoy en día este proceso se hace a
través de un Intermedio Digital, que no es más que una copia
definitiva en digital, con una calidad excepcional, pero a un costo
supremamente elevado..
Los festivales son buenos... para
el ego
El gran sueño de todo cineasta es lograr que su
película no solamente sea aceptado en alguno de los grandes
festivales de cine del mundo sino que, además, gane algún premio.
Los nombres de Cannes, Venecia, Berlín, Toronto, San Sebastián,
etc., etc., siempre están en la mente de todo realizador joven que
se considera la reencarnación de Welles, Fellini, Eisenstein,
Bergman, Antonioni, Lars Von Trier, Scorcece, Polanski y todos
aquellos grandes directores que han sembrado sus nombres en el camino
de sueños del cine. Desafortunadamente, son muchos los aspirantes,
pero muy pocos los aceptados. De todas formas, los festivales han sido
demasiado sobrevalorados. En primer lugar, hay más festivales de cine
en el mundo que días en el año y cada país tiene varios. Se puede decir que hoy en día hay
festivales de todos los sabores hasta para las películas más malas.
Y desde hace rato dejaron de ser un "gancho" de taquilla
que, a la larga, es la parte más importante del éxito de una
película. Fuera de las nominaciones al Oscar de Hollywood, ganar en
cualquier otro festival puede ser hasta un "handicap" para
una película. Para muestra un botón: la tan mentada María,
Llena eres de Gracia ganó un premio compartido de Mejor
Actriz en el festival de Berlín y, sin embargo, su primer estreno en
Colombia con bombos y platillos fue francamente mediocre al no generar
sino unos 150,000 espectadores en el país, cuando los pronósticos
eran de mínimo unos 400,000. Sin embargo, después de
la nominación de Catalina Sandino, que compró HBO Pictures y New
Line con su inversión de varios cientos miles de dólares (María
Llena Eres de Dólares), la misma película generó una
audiencia mucho mayor en Colombia, aún siendo técnicamente un
reestreno! Otro ejemplo es el de
Confesión
a Laura del director colombiano Jaime Osorio, que siempre ha
sido catalogada como la película nacional más premiada de la
historia, sólo logró reunir un poco más de 20,000 espectadores en su
estreno.
Bueno, pero para no ser tan pesimistas, los premios en los festivales
sirven de excelentes pisapapeles o para impresionar a los padres de
su novia y... desde luego son un alimento excepcional para el
ego!
En resumen
Hacer cine en Colombia o en
cualquier lugar del mundo no es una imposibilidad. Ya no es una
exclusividad de Hollywood y unos cuantos países del primer mundo. Hoy
en día se ha facilitado la producción al máximo con las nuevas
tecnologías y existen más profesionales especializados en todas las
áreas de soporte. La producción no es el problema. El problema es,
como siempre lo ha sido, la distribución, la exhibición y la venta. No
es un secreto que en Colombia se está haciendo más cine que nunca. En
los primeros 6 meses del año ya se exhibieron un igual número de
películas nacionales, 2 de las películas fueron entre las 5 más
taquilleras del semestre, hay 39 largometrajes terminados y listos
para ser exhibidos, 29 películas se encuentran en filmación o en
proceso de postproducción, existen más de 98 proyectos en desarrollo
(de los cuales más del 80% ya han recibido algún tipo de apoyo del FDC
y de Ibermedia), pero quedan muchas preguntas en el aire: Hay cama
para tantas películas en un país donde solamente se distribuyen
alrededor de 170 cintas anuales? Cuántas de estas películas se
exhibirán y cuántas se guardarán para siempre en el Cuarto de San
Alejo? Cuantas lograrán pagar su costo y cuantas serán la causa
de la quiebra de sus productoras? Está listo el público colombiano
para apoyar al cine colombiano y dejar atrás el cine de Hollywood? Se
equivocó el FDC al entregar demasiados premios pequeños y no apoyar
solamente a proyectos con buenas posibilidades de calidad y
rentabilidad? Vale la pena correr el riesgo de una quiebra, un infarto
o una úlcera gástrica a cambio de unos poquitos minutos de gloria en
la pantalla plateada???
Julio Luzardo
julioluzardo@enrodaje.com |
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